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Bandada de cisnes negros

La España de Sánchez

La política no lo es todo pero a veces es como si consiguiera paralizar la vida de un país. Por suerte, solo es apariencia: la perturba cuando es política de baja calidad pero es improbable que reduzca la sociedad al inmovilismo. Eso sí: genera parálisis institucional y es lo está pasando en la vida pública con la aparición en bandada de tantos cisnes negros. Nassim Taleb acuñó el concepto de "cisne negro" como un acontecimiento impredecible, con un impacto frontal que nos lleva a ver las cosas como un antes y un después. Lo fueron el ataque contra las Torres Gemelas o posteriormente el covid.

En la España de Sánchez lo que tenemos es un conjunto de pequeños cisnes negros, de Koldo al apagón, de la gestión de la dana a las grabaciones de Leire Díez, del y-tú-más. Quizás fuesen predecibles, dados los antecedentes. Esa bandada enturbia mucho y agrava la brecha entre la sociedad y la política. En casos así, se echaba mano del regeneracionismo y se aportaban ideas para que la sociedad progresase con estabilidad y no se retrasase con malestar. Hoy por hoy lo que tenemos es que el tándem PSOE-Sumar ha apagado los focos del macroconcierto. A la derecha, Feijóo sabe que presentar una moción de censura es perder el tiempo y Vox tiene por enemigo al PP y no a Sánchez. Mientras tanto, destacan las voces de un periodismo de baja estofa, más de interjecciones que de argumentos.

Como de costumbre, sale ganando la antipolítica y reaparece aquello de que todos los políticos son iguales. La antipolítica es para quienes conciben las urnas ya como un estadio fósil de la vida pública, como una superfluidad caduca en una época de instantaneidades. Pese a todo, la tolerancia y el pluralismo –el debate– solo sobrevivirán en la tan traqueteada democracia constitucional y representativa. En no poca medida, será gracias a la política. También es imprescindible –como vemos cada día– la honestidad de las gentes de bien.

El barullo actual puede desbordar a los tribunales, desprestigiar a la fiscalía y, sobre todo, romper la quilla de los partidos. Eso rejuvenece la tentación antipolítica y la huida reactiva hacia los extremos. Con los problemas de cada uno ya hay suficiente y el electorado no está por los matices, porque la complejidad propia de estos tiempos también provoca alejamiento. Con que aparezcan más mangantes políticos, ese alejamiento dejará de ser pasivo y coloquial. Así comienzan los procesos regresivos.

A la espera de un gran cisne negro que llegue de Irán o de Taiwán ya casi no pensamos en Trump sino en las andanzas truculentas de Leire Díez. En casos así acostumbramos a decir que ya lo veíamos venir pero el caso es que el apagón de finales de abril nos pilló sin transistores ni pilas. Todavía vale la pena defender la política como el arte de lo posible, aunque en estos días aumenten tanto los porcentajes de desvergüenza e infamia. Esos cisnes negros son de bajo vuelo y sus excrementos son altamente corrosivos.

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