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La extinción de los incendios del próximo verano empieza ahora

Asturias no es solo un plató de cine o un escenario para selfies y necesita replantearse en profundidad la gestión de sus montes, de los espacios protegidos y del medio rural

Las llamas acercándose a la aldea somedana de Gúa y provocando una intensa columna de humo

Las llamas acercándose a la aldea somedana de Gúa y provocando una intensa columna de humo / Miki López

La extinción de los incendios de agosto del próximo año en Asturias empieza hoy mismo. Las políticas que las administraciones públicas y los servicios de emergencias sean capaces de desplegar en los once meses por delante serán decisivas para evitar una repetición aumentada de las olas de fuego. El mundo rural está abandonado. Los políticos deben actuar unidos de una vez.

Una semana después de que, desde los Picos de Europa a Degaña, ardiese la cordillera, de que los asturianos vieran con temor adentrarse lenguas de fuego hacia el interior de la región y velarse el cielo con un manto anaranjado de humo, hay dos cosas evidentes que deberían motivar muchos cambios en las estrategias de prevención.

La primera: los incendios forestales de hoy son de tal envergadura y avanzan con tanta rapidez que todos los medios para abordarlos son pocos. De seguir acordándose de Santa Bárbara solo cuando truena no habrá forma de interceptarlos. La segunda: la incapacidad de las administraciones para arrimar el hombro y ponerse de acuerdo en la resolución de problemas de máxima gravedad lleva camino de acabar en metástasis. La sensación de impotencia, de que las instituciones sirven de poco, crece exponencialmente con la táctica suicida de la zancadilla permanente.

Solo importa culpar al rival político y competir por la foto, de gestionar bien los recursos nadie se acuerda, generando toneladas de desafección y radicalizando peligrosamente el panorama

Solo importa culpar al rival político y competir por la foto. De gestionar bien los recursos nadie se acuerda. Tanta ineptitud de los partidos a la hora de sofocar sus propios –y bajos– instintos y de ponerse a trabajar de verdad por el bien común genera toneladas de desafección y radicaliza peligrosamente el panorama. Pactar no significa asentir. Implica actitud sincera de escucha, capacidad de diálogo y disposición para asumir las propuestas del contrario.

Daño relativo, aunque preocupante

Comparado con lo que ocurren en el resto de España, con perímetros a sofocar de centenares de kilómetros, los daños en el Principado son relativamente moderados. No por ello menos preocupantes: los ganaderos sufrieron mucho por sus reses. Asturias lo pasó peor hace dos años, cuando las llamas llegaron a calcinar 32.000 hectáreas, ocho veces más que en esta racha. Tras aquel desastre, pasos adelante se han dado. No los suficientes. El Principado unió bajo una misma jerarquía de mando competencias para la extinción hasta entonces dispersas. Pero la solución no llega solo por cambiar de nombre a una consejería.

A estas alturas, achacar lo que ocurre según convenga a «terroristas de mechero», al cambio climático o a la pésima gestión de las autonomías de otro color ya no cuela para explicar un fenómeno tan complejo. Algunos focos son ciertamente obra de incendiarios. Activar la investigación, endurecer las penas y estimular la condena social tiene que formar parte de la ecuación. Pero afrontamos un ecosistema distinto. La maleza que antes se mantenía a raya con la actividad ganadera rodea hoy muchos pueblos. Asturias no es solo un plató de cine o un escenario para selfies: necesita replantearse en profundidad la gestión de sus montes, de los espacios protegidos y del medio rural. Obtener otros resultados exige acciones diferentes.

La campaña más popular de concienciación data de 1962 y convirtió en un icono el lema «cuando un monte se quema, algo tuyo se quema». Leyes desalentadoras, intervencionistas e inmovilistas y una laberíntica propiedad de las fincas, hacen que los asturianos no sientan como propios sus bosques. Ahí arranca el problema. Antes de que el primer rescoldo resurja hay mucho por hacer, sumando esfuerzos sin colocar el sesgo del cálculo partidista por delante. ¿Hay alguien que se atreva con cordura y sensatez a romper esta inercia? Ojalá lo haya para que nadie jamás se sienta abandonado al ver con impotencia cómo su vida se reduce a cenizas.

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