Opinión | Objetivo naturale

Profesor del colegio de las Dominicas en Oviedo y presidente de la Asociación de Fotógrafos de Naturaleza de Asturias (AFONAS).
Corredores tras la espuma
El correlimos tridáctilo es un vivaz ave migratoria habitual en las playas asturianas

Correlimos tridáctilo, en un pedreru de Gijón. / Mario Suárez Porras
En estos últimos días del verano, miles de aves inician sus largas rutas migratorias desde las zonas del norte donde se reproducen hacia el África subsahariana, donde pasarán el invierno. Este fenómeno, repetido generación tras generación, constituye uno de los espectáculos más asombrosos de la naturaleza. La migración es un comportamiento instintivo inscrito en el ADN de las aves, fruto de miles de años de evolución, y responde principalmente a la búsqueda de alimento y a la necesidad de encontrar condiciones climáticas adecuadas para sobrevivir y reproducirse.
Entre las especies que protagonizan estas increíbles travesías se encuentra el correlimos tridáctilo (Calidris alba), un ave limícola que en estas fechas ya se agrupa en las playas cantábricas. Quienes paseamos por la costa podemos observarlos corriendo incansables tras la espuma de las olas, como si jugaran con ellas. Son pequeños, pero poseen una gran energía y un instinto migratorio sorprendente.
En ocasiones aparecen ejemplares anillados. La técnica del anillamiento, consistente en colocar pequeñas anillas con códigos en sus patas, resulta fundamental para la investigación científica. Gracias a ella, los ornitólogos pueden conocer rutas migratorias, tasas de supervivencia, lugares de reproducción o la edad de los individuos. Esta información resulta clave para la conservación de las aves y de los hábitats que utilizan.
Os voy a contar una vivencia que guardo con cariño y que ejemplifica con claridad este valor de la migración. En la primavera de 2014, mientras fotografiaba limícolas en la playa de Gijón, observé un correlimos tridáctilo con anilla. Tras varios intentos logré obtener una foto clara del código alfanúmerico y consulté con ornitólogos amigos sobre a quién enviar el dato, pues tenía mucha curiosidad. Todos coincidieron en recomendar al investigador holandés Jeroen Reneerkens. Al escribirle y mandarle las imágenes, su respuesta me sorprendió: él mismo había anillado a esa ave nueve años antes en la reserva natural del banco de Arguin, en Mauritania, un lugar clave para miles de limícolas que allí invernan.
El entusiasmo de Jeroen fue enorme; me agradeció la información y compartió la ficha de seguimiento del ave, con veinte observaciones registradas y miles de kilómetros recorridos por tan pequeña ave. La mayoría eran del lugar de anillamiento, aunque también había citas en el estuario de The Wash, en Inglaterra. Aquella experiencia me hizo comprender la magnitud de la migración y el valor de cada registro en los proyectos de seguimiento.
La fotografía ha sido para mí una vía de conexión con estas aves. Una de mis imágenes favoritas muestra a cuatro correlimos en la playa de Gijón. Refleja mi forma de entender la fotografía de naturaleza: buscar un enfoque creativo y lograr el resultado en cámara, sin depender de programas de edición. La realicé en clave alta, estilo visual en el que predominan los tonos claros y luminosos, con escasas zonas oscuras. Este tipo de imagen requiere condiciones de luz muy específicas para sobreexponer adecuadamente.
Yo suelo participar con éxito en los concursos más importantes de fotografía de naturaleza, donde exigen el archivo original RAW para comprobar la autenticidad de las imágenes y que no hubo manipulaciones. La foto que os muestro fue reconocida en cinco concursos internacionales, logrando un segundo premio en SEO/BirdLife y menciones de honor en certámenes de España, Bélgica, Holanda, y Rusia.
Esta ave tan especial y que en invierno con el cambio de plumaje parece una bola de nieve me ha dado alegrías, pero también tristezas. Desde que mantengo contacto con Jeroen recibo informes en los que advierte del descenso de las poblaciones nidificantes en Groenlandia, una de las principales áreas de cría de la especie. Este hecho refleja un problema global: en apenas sesenta años, las poblaciones de aves marinas han disminuido en torno a un 70%.
Las aves migratorias enfrentan múltiples amenazas: cambio climático, pesca accidental, especies invasoras, contaminación y pérdida de hábitats que ponen en riesgo su supervivencia. Su viaje no solo es un espectáculo natural, sino un recordatorio de la fragilidad del equilibrio ecológico y de nuestra responsabilidad de proteger sus rutas y ecosistemas para asegurar su regreso cada año.
La historia del pequeño correlimos que fotografié en Gijón, anillado en Mauritania, resume ese vínculo invisible que une continentes y personas, y que nos recuerda que proteger a las aves es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.
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