Opinión
La determinación de la sociedad asturiana que empuja a sus políticos
Si la misma complicidad que mostró la Junta, espoleada por la sociedad civil, con el peaje del Huerna se diera en otros asuntos, otro gallo cantaría ahora mismo para Asturias

El presidente del Principado, Adrián Barbón, se dirigie desde el atril al líder de la oposición, el popular Álvaro Queipo, sentado a la derecha, durante una de las sesiones del debate de orientación política del Principado de Asturias / Luisma Murias
El debate sobre el estado de la región tiene más de trámite y escenificación que de evaluación serena y sincera a largo plazo de los problemas de Asturias. En lo sustancial, el de esta semana en la Junta volvió a servir para reafirmar la oratoria inflamada y los principios partidistas de siempre, sin apuestas estratégicas que marquen el rumbo ni alternativas. Solo el Huerna, la otra cara, rompió la predecible monotonía.
El PSOE y el PP, aunque no quieran verlo, se necesitan para dar estabilidad y confianza a Asturias y para impulsar proyectos de región
Los asturianos esperan de sus diputados que sean capaces de elevar la voz entre tanto ruido para trabajar en común ante los grandes retos. El PSOE y el PP, aunque no quieran verlo, se necesitan para dar estabilidad y confianza a Asturias y para impulsar esos proyectos de región –o de país, según la mitomanía que algunos pretenden alumbrar– llamados a impulsar la autonomía. Si ambos partidos exhibieron en la Junta una insólita unidad sobre la supresión del ilegal peaje de la autopista a la Meseta, respaldando mutuamente sus respectivas resoluciones, fue porque la presión de la opinión pública los obligó a encarar este toro.
La indiferencia con que muchos asuntos se pudren o dan vueltas en la espiral política regional transmite a veces la equivocada percepción de que la sociedad civil es indolente o permanece anestesiada. Reconforta comprobar cómo ha empezado a movilizarse ante un agravio y una injusticia que ya explicamos sobradamente aquí en el anterior comentario editorial. Esa presión obligó a Barbón a endurecer el tono desde la tribuna hacia sus propios correligionarios en la Moncloa. No se trata de incitar a la algarada, sino de conseguir lo que a Asturias le corresponde por derecho después de venir pagado por cruzar el Negrón desde hace 42 años.
La desconexión con la realidad
Que una de las propuestas estrella del debate del año pasado, los comedores escolares en junio y septiembre, desatara una revuelta y tuviera que rectificarse al instante, da cuenta de la desconexión con la realidad de estas sesiones. Que una de las 52 medidas enunciadas esta vez sea "iniciar los trabajos para licitar la redacción de la primera calzada" del último tramo de la autovía de Oviedo a Tineo, un itinerario comenzado en 1996 y todavía a medio hacer que cada legislatura se promete al Suroccidente, muestra lo inocuo, impreciso y repetitivo de lo que se decide. Y ofrecer matrícula gratis en todos los cursos universitarios, sin especificar cómo plasmar la ocurrencia, cuánto costará y a qué renunciar para ello, revela el oportunismo y la improvisación que guían algunas acciones, además del pavor a competir con las universidades privadas.
El resurgimiento precisa de un gobierno que incentive el milagro asturiano y convierta la comunidad en referencia del crecimiento
El Presidente dibujó una autonomía que renace. El resurgimiento precisa de un gobierno que incentive el milagro asturiano y convierta la comunidad en referencia del crecimiento. La única iniciativa económica que se puso sobre la mesa ya había sido escuchada antes: un fondo de consolidación empresarial que se firmó hace un año en la concertación. Queipo, líder del PP, buscó más el desgaste que la articulación de un modelo alternativo. Es el suyo un discurso en construcción, aunque le van cayendo hojas al calendario y el tiempo apremia. Nadie despejó hacia dónde nos dirigimos en un contexto de transformación con un déficit crónico, una deuda insostenible y un mundo en llamas.
La determinación de la sociedad asturiana en la reclamación del Huerna es la que ha de tener Barbón en la defensa de los intereses del Principado ante otras administraciones. Aunque sean de su mismo color político, empiezan a multiplicarse divergencias: además del peaje, la protección del lobo, la financiación, el anillo eléctrico... La fuerza ciudadana supone una ayuda para el Presidente, y para el resto de políticos, que merece de su parte una justa correspondencia. Si esta complicidad se diese con todos los asuntos realmente prioritarios, otro gallo estaría cantando ahora mismo para Asturias.
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