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España mejor que nunca, según Sánchez

Volvemos a la exaltación del optimismo antropológico. España ya no es que esté bien, es que está mejor que nunca en 45 años, según el Presidente en Brasil. Todo ello con la legislatura bloqueada, de creerse el último pronunciamiento de Junts, los fondos europeos en peligro y la economía real naufragando. Desde luego es una situación como para tirar voladores; debemos felicitarnos por ella y, a su vez, felicitar al Gobierno por haber elegido unos socios tan fiables para el beneficio de los intereses generales del país.

Nadie podrá decir, ni los más ilusos partidarios de la estrambótica aventura emprendida hace algo más de dos años, que esto no se veía venir. Se veía de lejos, pero en el universo paralelo de Sánchez las crisis no existen, los bloqueos son oportunidades y los fondos europeos llegan aunque se atasquen en el despacho de algún comisario en Bruselas. El relato político ha acabado por convertirse en un género literario pésimo que en manos del presidente del Gobierno adquiere la relevancia de la ciencia ficción. Él mantiene que todo funciona como nunca mientras los indicadores de consumo se hunden, las familias recortan gastos, las pymes se ahogan en la burocracia y los jóvenes miran fuera porque dentro no hay horizonte. Por no hablar del problema de la vivienda.

La política ha pasado a ser para Sánchez, en esta legislatura imposible y dañina, una prueba de resistencia personal de un gigante, como es él, del interés particular. Todo gira en torno a su permanencia, no al bienestar del país. Los bloqueos, la desconfianza europea y el deterioro institucional y económico son simples efectos secundarios de una misión superior que consiste en salvar el relato. Y, de paso, salir airoso de la corrupción y los conflictos de su entorno.

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