Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Presupuestos y acuerdo progresista

La extrema derecha es una amenaza para la democracia y para el autogobierno asturiano. Su agresividad política hacia nuestro sistema de convivencia representa un peligro del que no estamos siendo plenamente conscientes. Pensamos que las instituciones y la cultura democrática son irreversibles. No es así. Por otra parte, ya es evidente que Asturies, gobernada por la izquierda, podría una excepción en una España amenazada por el crecimiento de un nuevo pensamiento conservador transformado por la corriente ultra. La derecha democrática está mutando y eso modificará la fisionomía sociopolítica.

Yendo a nuestra actualidad política: las primeras reuniones entre la izquierda parlamentaria asturiana para discutir sobre ingresos y gastos de cara al presupuesto del año 2026 son, en sí mismas, una buena noticia. En el contexto sociopolítico descrito, el entendimiento del bloque progresista es una necesidad y, además, una buena práctica democrática, acorde con la naturaleza de la sociedad del presente y del futuro.

El pensamiento arcaico, que añora un equilibrio excluyente generado por las tendencias políticas mayoritarias, carece ya de virtualidad política y de capacidad intelectual para entender la estructura del presente. La pluralidad no es un accidente, es lo real de nuestro tiempo y, por eso, no tiene retroceso.

En ese marco, el sistema funciona si, y solo si, las mayorías incorporan el pensamiento de las minorías y, por otra parte, si las minorías aceptan límites a sus demandas –algo profundamente democrático, por otra parte– y no se petrifican como minorías de bloqueo, repletas de razón pero faltas de toda influencia. Es decir: las minorías no pueden responder a las mayorías instalándose en un aislacionismo refractario al pacto, siendo el más importante –por sus efectos sociales– el pacto de gobierno.

Por tanto, todas las fuerzas progresistas tienen la obligación de desarrollar un pensamiento y una acción orientados a la generación de la utilidad que produce progreso. Esta pasa por entender el acuerdo imperfecto como el método más eficaz para el cambio. La democracia compleja es siempre imperfecta y contradictoria.

Las minorías que se aíslan, porque entienden los pactos como traición a los propios ideales u objetivos, o como actos que retardan las reformas sociales, son tan ajenas a los imperativos de nuestro tiempo político como lo son quienes añoran —por falta de equipamiento analítico— un mundo bipartidista, causante de muchas de las patologías que padece nuestra sociedad. Más aún: ambos pensamientos se legitiman entre sí y se proporcionan mutuamente fuentes argumentativas.

Por eso es tan importante que este método de negociación que hemos inaugurado las tres fuerzas progresistas no se rompa. Esta negociación compartida requiere comprometerse con el objetivo antes que con uno mismo, es decir, requiere ceder y renunciar a muchas de las propias pretensiones, pero asegura que el producto que salga de esa negociación será común y compartido. La resultante final de los acuerdos nos dejará a todos y todas con insatisfacción, pero dará estabilidad a un gobierno que aún tiene que abordar muchos retos.

Por otra parte, tal y como está la extrema derecha, ¿hay margen para no entenderse? ¿Es justificable no acordar la arquitectura general de unos presupuestos progresistas y de una estrategia conjunta para el gobierno de Asturias?

IU–Convocatoria por Asturies se volcará en conseguir grandes acuerdos con el PSOE y con Somos Asturies. No compartimos muchas cosas con nuestros socios mayoritarios: las universidades privadas, el impulso a la sanidad privada, la mala utilización de una mediocre Ley de Proyectos Estratégicos… por no mencionar una larga lista. Pero implicarse en el gobierno de las cosas que van mal –y hacerlo con quienes son diferentes a uno mismo– es mejor para los asturianos y asturianas que simplemente denunciar y presionar logrando acuerdos superficiales, nominales o efímeros.

Es cierto que discutir con una mayoría es más insatisfactorio y te deja expuesto a más críticas, pero es lo que nuestros votantes piden: utilidad. Es decir, que seamos un actor relevante y no solo una voz denunciante. Para finalizar como hemos empezado: la colaboración estable entre las izquierdas es el único freno a la extrema derecha. Si tuviera que resumir todo este artículo de forma muy breve, diría: No hay margen para el desacuerdo ni la división. Lo divisivo es una ventaja para el extremismo. Que los presupuestos para el año 2026 sean la primera encarnación de un gran acuerdo democrático, carta de presentación, del progresismo asturiano para frenar a la derecha.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents