Opinión
Se va
En un día normal dices "me voy", o por lo menos lo piensas, no se sabe cuántas veces. Te vas de casa, te vas del trabajo, te vas del país, te vas del Ventorro, te vas de la reunión, te vas de este mundo, te vas del campo, te vas de Netflix, te vas de Whatsapp. La vida está llena de "me voys". Qué gran estribillo. No pocas veces te largas de un sitio para dirigirte a otro: vas a la ducha, vas al banco, vas a bailar, vas al infierno, vas al supermercado, te vas a HBO, te vas a beber, vas a vomitar, te vas a la calle, te vas a la cama, te vas a pique, te vas un rato, te vas para siempre, te vas etcétera. "Me voy" es una frase breve, o al menos bastante breve, cuyo simple enunciado favorece cierta tranquilidad. Alivia, como quitarse los zapatos al llegar a casa o matar con un trapo de la cocina una mosca posada en la ventana. Si nos ponemos un poco intensos, la vida es una inacabable suma de me voys, con los que saltamos de un asunto a otro y a otro y otro, sin demasiados rasguños, a los que no podemos decir que no volveremos más tarde.
Es un anuncio antes que un hecho, pero como solo anuncio consigue que las cabezas se vuelvan a su pronunciación, a ver si de verdad te vas y hacia dónde. Quizás es una premonición, que más tarde se cumplirá o no. No se trata de a un punto de no retorno, como lo sería un "Me fui". "Me voy" funciona como un aviso, una especie de prólogo a algo que requerirá una frase más larga, más aclaratoria. "Me voy" quiere ser un cambio de aires, o de manías, que puede resultar provisional o definitivo. "Me voy", vamos a admitirlo, no te obliga a marcharte. Hace un par de semanas vimos a Vinicius Jr salir del campo, durante el partido contra el Barça, diciendo –enojadísimo porque su entrenador lo sustituyese– que se piraba del Madrid. "¡Yo me voy del equipo! ¡Me voy, mejor me voy¡". Pero se conformó con irse solo al vestuario, aunque a los pocos minutos regresó al banquillo, y al partido siguiente ya de nuevo jugaba de titular, como sin nunca hubiese dicho que se iba.
Tal vez cuando dices "me voy" simplemente sugieres que podrías hacerlo, o que te vas, pero completando solo la mitad del camino, y después regresando. Casi te fuiste. Me temo que no nos las vemos con una frase firme. A veces la sostienes, con apariencia de convicción, pero al cabo te quedas con ella desmochada en la mano, como un paraguas roto, fabricado en China, que te obliga a desdecirte, o a rebajar la contundencia inicial del verbo.
En unas pocas ocasiones te vas, y dices "me voy" no porque quieras sino porque las condiciones te obligan. Sostienes que dimites, pero más bien te echan. El caso de Carlos Mazón es paradigmático. Durante un año intentó no irse, se mantuvo sin dignidad aferrado a su cargo, llenando sus días de mentiras, hasta que de mala gana tuvo que dimitir.
El temor a irse, como si desde ese abismo se alcanzase a ver la muerte, se recrudece cuando uno está apunto de hacerlo. De ahí que tantas veces la frase no salga de la cabeza de uno, donde pasados unos segundos, tras recapacitar, se trasforma en un "me quedo", por si las moscas.
Suscríbete para seguir leyendo
- México decide el tercer entrenador del Oviedo: gusta un viejo conocido de Pachuca
- Dos de cada tres kilos de pescado desembarcado en Asturias se venden en la Nueva Rula de Avilés
- Fulminante: el Oviedo destituye a Carrión tras la debacle en Sevilla
- Fallece un hombre de 57 años de manera repentina en pleno centro de Oviedo
- Mucha tensión, insultos y golpes a los vehículos en la llegada del equipo azul a Oviedo: Carrión, escoltado; y rompen una ventanilla del coche de Rondón
- La historia de Longinos Fernández, el 'cerebro' que convirtió a Oviedo en un referente nacional de los datos
- Viaje al interior de Jorge Ilegal: la leyenda del rock, en diez canciones (más un bonus track) y un relato personal de anécdotas (alguna salvaje)
- El Oviedo tiene el ok de Guillermo Almada: será el sucesor de Luis Carrión
