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Párate a pensarlo

Las dos grandes conquistas del Leviatán capitalista se basan en la colaboración desinteresada y gratuita de sus siervos. O sea, tú y yo. Nosotros, ellos, vosotros. La primera consiste en currar sin cobrar un solo euro para las grandes tecnológicas que abren sus gigantescas fauces para tragarse todos nuestros datos, que son muchos y variados. Y que suelen estar anclados en zonas de nuestra vida privada a la que no deberían tener acceso intrusos que se van a servir de ellos con fines comerciales (en el mejor de los casos). Todo lo que subas a las redes sociales, por ejemplo, pasará más pronto que tarde al dominio impúdico de quienes convierten esos contenidos en oro puro para que la publicidad sepa cuál es el destino vulnerable al que acudir. El algoritmo nos maneja a su antojo. Es fácil comprobarlo, como bien sabemos tú yo, nosotros, ellos y vosotros. Basta con que hagas una búsqueda de estufas (por poner un ejemplo en apariencia inofensivo) para que empiece a aparecer en tus pantallas una oleada de anuncios sobre ofertas de estufas. ¿Viajes? ¿Libros? ¿Inodoros? ¿Cremas? ¿Coches? ¿Irrigadores bucales? Busca y serás encontrado. Se trata de que aceptes sin rechistar tu condición de consumidor que delata su presencia y sus hábitos. Pide y serás víctima publicitaria de tus necesidades y caprichos.

El segundo gran logro se mete en tu armario a todo trapo y te hace partícipe de una inmensa campaña global de marcas de mayor o menor lujo. Conseguir que el comprador pague por hacer publicidad a una firma de ropa es una propuesta genial. No vamos a negarlo. Hay quien se rebela y prefiere esconder logotipos (sean auténticos o pirateados), pero también hay millones de personas que se gastan una pasta gansa en una camiseta, un bolso o un jersey y anuncian en letras gigantes la marca de marras. La suma perfecta: pagamos y promocionamos lo que compramos a modo de vallas publicitarias de carne y hueso. El capitalismo domina el ejercicio de la explotación y ha mejorado la fórmula con pespuntes de diseño molón y grandes letras que anuncien nuestros deseos. Así nos va.

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