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Cosas que molestan

Juan del Val, estos días de actualidad plena, destacó en el programa de Motos gracias a su facilidad para generar polémicas simpáticas en su crítica de actuaciones cotidianas del común de los mortales y que le sacan de quicio. Aún no he leído su libro, aunque me prometí hacerlo antes de acumular pereza por esa obligación autoimpuesta para poder opinar en justicia, pues las críticas son inmisericordes.

Pero antes me voy a permitir seguir su ejemplo y compartir con usted, amigo lector, dos comportamientos, seguramente inofensivos, pero que consiguen perturbar mi buen ánimo, incluso perdonando de antemano a los que, sin maldad alguna ni ofensiva intención, los llevan a cabo.

El primero, aunque no el más molesto, se produce cuando en una conversación, un café, un paseo en armonía, suena el teléfono móvil de quien me acompaña y este lo coge como si tal cosa, dejándome a veces con la palabra en la boca, porque en estos tiempos menguados, la comunicación a distancia se impone sobre la presencia de un modo que impide rechazar o ignorar una llamada. Con lo fácil y lo educado que sería postergarla salvo en caso de necesidad extrema. Es el triunfo de la urgencia prevista, temida o aceptada como inevitable de que lo que llega por vía telefónica es más importante que lo que tengo delante. Una no entiende ni admite que el artilugio goce de tanto prestigio que se anteponga la conversación por el chismecito al calor y la empatía de la mantenida cara a cara.

El otro comportamiento es ese tan inquietante pero común de la buena persona a la que le está una contando un viaje y empieza a preguntar:

–¿Y no fuisteis a…? (Añada usted justo el lugar que no dio tiempo) .

–¿No visitasteis este sitio? (Exótico y apetecible enclave, imposible por fuera de presupuesto).

–¿Os perdisteis el museo de tal y cual? (Nunca oí hablar de él).

Aquí lo dejo. No tenía ganas de escribir sobre el bloqueo institucional, el perreque de Junts o el juicio que en algún sitio he leído que no es el del fiscal general sino el del novio de Ayuso. Eso ya, si le apetece, para otro día.

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