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Opinión

Pacto de estado en defensa civil

Riesgo bélico e instrucción de la población

Que vivimos tiempos convulsos no es una premonición ni convicción pesimista, es una realidad de los riesgos que nos asisten. En la rosa de los riesgos hay tipificados hasta una docena y, en la cúspide, el riesgo bélico. Sobre el mapa de riesgos, catalogados en la Estrategia Nacional de Protección Civil del Consejo Nacional de Seguridad del año 2024, pende como espada de Damocles el riesgo bélico forzándonos al regreso de lo que fue la defensa civil.

Rezuman por el Gobierno declaraciones e intenciones al albur de daños ya consumados, derivando a la protección civil como la panacea cuando nada ha resuelto hasta la fecha en los últimos episodios pavorosos. Léase el riesgo de inundaciones tan previsible en su Directriz como en los planes homologados de comisiones nacionales o autonómicas. Para cuando el agua nos llegaba al cuello la tragedia se había consumado.

De igual forma la reiterada historia de los incendios forestales con sus devastaciones, usos y costumbres que ahora hemos desfigurado al llamar incendios de "sexta generación" haciendo bíblico –un Éxodo al fin– lo que sigue siendo impericia pura.

Se arrojan los trastos entre Estado y comunidades autónomas en la respuesta a las emergencias clamando por un pacto de Estado e incluye el eufemismo "Estrategia Nacional de Resiliencia Hidráulica". Esto no es serio, es demagogia.

Después de estar cuarenta años con la Ley de Protección Civil desde 1985, consecuente de la Defensa Civil, es hora de dejar los paños calientes y retóricos giros exclamativos cuando el riesgo bélico asoma como una amenaza inminente, anunciada. Exige el Presidente Sánchez, ahora, la "presencia real y operativa de todos y cada unos de los cuerpos de Bomberos y brigadas forestales durante los 365 días del año". Tal deseo debe ir acompañado de una convocatoria social sin precedentes, haciendo partícipe a la población civil para que adquiera la capacidad de defensa, en el sentido prístino de aquella primera Ley 2/85 de Protección Civil.

El mosaico y variación ideológica regional clama por unificar la respuesta a las emergencias, posicionándose en el peor de los escenarios como el riesgo bélico, cuantificado en el cinco por ciento del PIB y consiguiente gasto armamentístico. ¿Dónde está presupuestada la defensa civil? La defensa civil se sustenta en la población civil, quede claro, no militar, aunque de ésta derive el daño a las poblaciones acrecentado en el relato histórico cuando la aviación hizo su aparición en la I Guerra Mundial abrasando a las poblaciones.

Ahora, exponencialmente destructora, la precisión de misiles y drones (éstos sí de sexta generación) vinculan a los gobiernos a dar instrucción a la población civil para formarse con capacidad de auto organización y medios procedentes de ese 5% del PIB, empezando por saber responder ante los fuegos forestales y en grado de amenaza, real, los fuegos balísticos. Ante el riesgo bélico el Derecho a la Vida comienza por la instrucción de la población civil sin dilación.

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