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Fuerte y consistente... por ahora

Asturias, ante un brusco giro demográfico

España ha vivido dos recientes explosiones demográficas sustentadas en la llegada masiva de inmigrantes durante períodos de bonanza laboral, hasta situarse como uno de los países europeos donde más ha crecido la población en este siglo, pese a la raquítica natalidad de los oriundos. La primera arrancó en paralelo a la centuria y se vio bruscamente interrumpida por el fin de la burbuja inmobiliaria en 2008, que llegó a poner contra las cuerdas al propio Estado y provocó la fuga de muchos de los extranjeros que habían llegado para ganarse el pan. La segunda, que germinó tras la pandemia de coronavirus, se encuentra en pleno desarrollo. Ambas tienen parecidos a nivel nacional, pero no tanto en el caso asturiano.

En el Principado, el auge actual está siendo mucho más intenso que el registrado hace más de dos décadas. Aquel apenas sirvió para maquillar una caída por momentos vertiginosa que surgió tras la reconversión industrial de los años 90 y que, pasado el tiempo, estuvo a punto de dejar a la autonomía por debajo del millón de residentes. El algodón no engaña ahora: los mil habitantes al mes sumados desde este verano superan incluso las necesidades del mercado laboral, al menos, según las cifras oficiales. ¿Quiénes son entonces los que están llegando en un caudal nunca visto desde la construcción de las grandes fábricas?

Los expertos apuntan sin certezas en varias direcciones, quizás porque es complicado acertar en vivo y en directo con un fenómeno de este tipo. Es obvio que una porción de los inmigrantes asumen actividades parcialmente invisibles para las estadísticas de la Administración por falta de regularización, como el cuidado de los mayores, lo que explicaría ese leve desajuste entre llegadas y puestos de trabajo. Pero hay otras tendencias a tener en cuenta. Y tres llaman la atención para cualquier observador medio. Una es el regreso de hijos y nietos de emigrantes, que sigue una línea al alza desde hace ya casi un lustro. Otra es el "boom" de compras de primeras y segundas residencias, tanto de españoles como de extranjeros con rentas altas que buscan la calidad de vida de este rincón cantábrico, "al calor" del "nuevo clima". Y la tercera, el retorno de asturianos de mediana edad gracias al teletrabajo.

Aún es pronto para certificar si este cambio en la "conducta" de la población es coyuntural o estructural, al margen de variables económicas. Pero hay dos datos sobre la mesa que invitan a creer ya en su consistencia: el crecimiento en Asturias está por primera vez por encima de la media y las otras 13 provincias del Noroeste (las nueve de Castilla y León y las cuatro de Galicia) también están engordando su censo en términos relativos más que la Comunidad de Madrid o Andalucía. Algo se mueve en el subsuelo demográfico. Y a un ritmo rápido. n

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