Opinión
Un enfoque alternativo contra el despoblamiento rural
El "Rural proofing" o la revisión de todas las políticas para asegurarse de que no perjudiquen a las zonas rústicas
Recientemente tuve la oportunidad de asistir a una sesión informativa, más que interesante, en el Salón de Grados de la Facultad de Economía y Empresa, enmarcada en las actividades de la Cátedra de Municipalismo de la Universidad. Ponentes de la Asociación El Hueco-Civesmundi y de la propia Cátedra, nos plantearon a los asistentes una serie de ideas y sugerencias que, aunque habituales en este tipo de debates, siguen estando de máxima actualidad, probablemente por la escasez de resultados positivos al problema de la despoblación rural que, a mi modo de ver, no tiene fácil (o ninguna) solución si seguimos aplicando los enfoques tradicionales. Tras escuchar a ponentes e invitados en sus interesantes apreciaciones y puntos de vista se ha reforzado aún más en mí la idea de que se necesita un importante esfuerzo para desarrollar enfoques alternativos, radicalmente distintos a los actuales, siendo lo que conocemos como "rural proofing" o mecanismo de garantía rural uno de los canales que nos puede ayudar en tal empeño.
"Rural proofing" es un término de política pública que significa revisar políticas, programas o proyectos, así como normativa y legislación, para asegurarse de que no perjudiquen a las zonas rurales y, cuando sea posible, que se adapten a sus características específicas. Esto es algo que parece más que razonable, yo diría de sentido común, dado que más del 80% del territorio es rural. Además, debería hacerse por defecto en todas y cada una de las acciones de política pública de cualquier índole con cualquier territorio o colectivo, no solo con las que afecten al mundo rural. Parece lógico que cualquier programa, proyecto o ley que se desarrolle no perjudique a ningún ciudadano ni a ningún territorio y se adapte a las características específicas de aquellos a los que afecta, en aras de la justicia social que debe garantizar muestro estado de derecho.
Los puntos de vista de quienes se manifestaron en la sesión fueron variados y se pusieron sobre la mesa diagnósticos de diferente índole y posibles herramientas de desarrollo y caminos a seguir, pero me gustaría insistir en la necesidad de alternativas.
Creo que sería necesario evitar el enfoque dualista clásico que confronta lo rural con lo urbano. Las ciudades no son viables sin los pueblos y aldeas en un sistema en red. La idea de comarcalización que apuesta por desarrollar las cabeceras comarcales olvidándose de las pequeñas aldeas creo que retrasa el problema temporalmente, pero lo acentúa a medio plazo. No se puede ser cabecera de la nada ni de lo salvaje. En una red compleja libre de escala tenemos unos pocos hubs altamente conectados, pero para que estén muy conectados necesitan muchos nodos poco conectados a los que conectarse. Si estos desaparecen también desaparecen las altas conexiones de los hubs, que dejarían de serlo y como consecuencia perdemos red, por lo que pierde el conjunto. Lo mismo ocurre con las grandes ciudades, no solo con las cabeceras comarcales.
Personalmente considero que el problema de la despoblación rural afecta por igual a la sociedad en general, por supuesto, ciudades incluidas y que quizás tengamos que empezar a solucionar algunos problemas de las ciudades si queremos solucionar los de las aldeas. El enfoque urbano industrial que margina a colectivos, como el rural, a los que quiere compensar o subsidiar sin integrar, como si fuesen algo aparte, hace que no se pueda atajar el problema en origen. Los niveles de saturación de espacios, de falta de vivienda, de falta de arraigo, de falta de calidad medioambiental, de pérdida de identidad cultural, de empleo precario, de excesiva competitividad o de aumento de la desigualdad son atribuibles a las ciudades que ven cada vez más como desciende la calidad de vida y esto se solucionaría equilibrándolas con las zonas rurales, como siempre ha sido.
A mi modo de ver el problema real no es la despoblación desde un punto de vista estadístico, ya que trasladar población a zonas despobladas para vivir como en una urbanización de cualquier ciudad sería fácil (ya se da), pero no eliminaría lo realmente dramático que es la pérdida de una cultura, entendida en sentido amplio, de carácter y base campesina, que necesita inexorablemente para subsistir actualizarse y modernizarse, pero respetando el legado tradicional, desarrollado y perfeccionado durante milenios, que la ha hecho sostenible y equilibrada en términos sociales y también naturales. La forma en que nos relacionamos con el medio natural a la par que avanzamos como sociedad civilizada ha sufrido una ruptura hacia un sistema no contrastado y que muestra evidentes síntomas de falta de viabilidad, especialmente medioambiental.
El problema es cultural y los mensajes de desprecio hacia lo rural han calado en la sociedad. Lo rural debe estar vinculado al sector primario y a la producción de alimentos, no a jardines de urbanitas, que a veces parecen olvidar que comer alimentos de baja calidad, producidos de forma industrial, empeora sus vidas. También olvidan que empeoran al asumir una actividad rutinaria y sin apego, tras abandonar otra que les permitía vivir en equilibrio con la naturaleza, produciendo alimentos imprescindibles para el desarrollo de la sociedad, aunque requiriese mayor esfuerzo físico.
Son comunes los problemas en lo urbano y en lo rural y creo que el intento de aplicar el sistema industrial a la producción y transformación de alimentos es un ataque al núcleo de la sociedad campesina, que es la empresa familiar, como unidad de producción agraria y que este sistema industrial no encaja si lo que queremos es una producción de alta calidad y respetuosa con el medio ambiente. Lo mismo ocurre en la urbe con el modelo de pequeño comercio que definió y desarrolló muchas de nuestras ciudades, amables y acogedoras, gracias a una red de negocios familiares de cercanía que están siendo actualmente sustituidos por grandes empresas que las uniformizan y convierten en decorados de cine, sin alma.
¿Tiene arreglo la despoblación rural? Creo que sí, al igual y a la par que los problemas urbanos. En Asturias denominaría a esa solución como Ciudad Región.
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