Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Visto para sentencia

No parece que el juicio le haya ido mal al fiscal general del Estado. Siendo preciso demostrar que la información salió de él y que no estaba ya en los medios, el camino para armar una condena se revela arduo. Es verdad que a falta de la prueba directa es válida la de indicios, pero esta exige, según fórmula clásica, que entre ellos y el hecho deducido haya un enlace preciso, concreto y directo según las reglas del criterio humano. Son conceptos llenos de matices interpretativos, como lo es la prueba de la publicidad previa por otras vías, pero la envolvente de todo ello es la presunción de inocencia y la resolución de las dudas en favor del reo. Por lo demás, el juicio contra un fiscal general en ejercicio no deja de ser, pese a su singularidad, una prueba de salud del sistema, y su desarrollo público ha dado una vitola de ponderación a una causa en la que no han faltado los excesos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents