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Almas de doble filo

La indiferencia puede ser un refugio. ¿Un escondite, tal vez? Una trinchera si hay exceso de bayonetas que nos señalan. La indiferencia, administrada con mesura e inteligencia, es una herramienta muy útil para sosegar los ánimos y guardar distancias protectoras con los vendavales que tarde o temprano irrumpen en nuestras vidas. Sí, también en la tuya.

La indiferencia es una vía extravenosa para no dejarse cortar por el doble filo del alma cuando hay exceso de trivialidades. Alma o como quieras llamar a lo que nos diferencia de las piedras. Hay muchos momentos que no dejan la menor huella y que no merecen espacio en la memoria, pero que pueden incomodar o enfadar cuando son manejados por gente experta en herir. Incluso, si nos pilla desprevenidos y vulnerables, pueden estropear la brújula y difuminar el Norte. Y entonces conviene aplicar el antídoto de la indiferencia. Guardar silencio, tomar distancias. Alejarse del barro. Retirarse de batallas que no se pueden ganar más. Mejor aún: que no queremos ganar. Una indiferencia que no es espada ni lanza. No es un arma de ataque. Es un escudo, por llamarlo de alguna forma, una defensa que permita conservar la tranquilidad en tiempos de tormenta. La calma como barrera que impida el paso a las perturbaciones que vienen de fuera. Tan insolentes. El ruido estorba mucho cuando está envasado al vacío.

Ahora bien...

Hay otra indiferencia que no aporta ventajas. Todo lo contrario. Es la que renuncia a la lucidez y se sustenta en la fatiga. La que pasa a ser una mala costumbre y embrutece, entorpece y ensombrece. Es esa indiferencia que, si no la mantenemos a raya, puede anestesiarnos frente a las injusticias y las inmundicias de la sociedad, ante los llantos ajenos que nos acechan y que pueden silenciarse con muy poco esfuerzo. Esa indiferencia nacida del hastío y que trata de convencernos de que todos los políticos son iguales, de que hay maldades y poderes que no se pueden combatir, de que mirar hacia otro lado es lo más inteligente para ser títeres satisfechos que necesitan que alguien maneje sus hilos.

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