Opinión | Miel, limón & vinagre
Bizarrap, el enigma como marca
El productor argentino, responsable de las ‘music sessions’ que coronaron a Quevedo y devolvieron a la actualidad a Shakira, es tan impenetrable como indiferente

Bizarrap, productor musical. / Redacción
Suena mi móvil. Jorge Fauró me quiere liar para esta nueva entrega de Miel, Limón & Vinagre (como pueden comprobar, consiguió su objetivo; vamos a ver si yo consigo el mío). "Aprovechando que Daddy Yankee y Bizarrap protagonizan el intermedio de la mini Super Bowl que se ha disputado en el estadio Santiago Bernabéu, ¿te apetecería escribirte algo sobre alguno de ellos? Elige". Entre un cantante de reguetón que reventó el mundo con una canción (La gasolina), se retiró para dedicarse a su fe cristiana pero ahora parece haber regresado a las artes del dembow y un productor argentino semianónimo, que oculta su rostro con unas gafas gigantescas y una gorra y que apenas concede entrevistas, un servidor, claro, opto por el segundo. Acompáñenme en esta apasionante aventura.
Voy primero a su página oficial (www.bizarrap.com) y me topo con un "ingrese el código de acceso". Es de tres dígitos, así que hay 1.000 combinaciones posibles; me pongo manos a la obra y me doy cuenta, supongo que al décimo intento, de que no tengo la paciencia necesaria con los acertijos. Recurro a la página que Wikipedia le dedica al músico, descubro su nombre real (Gonzalo Julián Conde), leo una sucinta vida laboral y una más somera todavía relación de datos personales (es futbolero, hincha del Club Atlético Vélez Sarsfield, y amigo íntimo del piloto de Fórmula 1 Franco Colapinto).
A estas alturas, no hay que ser un genio para descubrir la táctica de este hombre: como el flequillo que tapa media cara de Sia o las máscaras y los apodos de los miembros de Sleep Token, por poner dos ejemplos recientes, en estos tiempos de sobreexposición vía redes sociales el perfil personal bajo, bajísimo, rozando el anonimato, puede ser la mejor de las estrategias. Y, la verdad, quizás resulte preferible este afán por el enigma al vídeo aquel de Dani Martín (48 años) confesando que padece rosácea y cómo le ha afectado en su vida.
Vamos a escuchar sus canciones... No tienen título, claro, sólo figuran como BZRP Music Sessions, y en cada una aparece un invitado vocal diferente: Quevedo, Shakira (su diatriba anti Piqué fue la que viralizó definitivamente al argentino), Young Miko, Rauw Alejandro, Duki, Villano Antillano, Nathy Peluso y muchos más (en concreto 59: hasta la fecha ha lanzado 66 temas o como los llame). Y veo sus vídeos: están rodados en una réplica de la habitación en la que aprendió a darle a la tecla; es un set en Miami y parece una estancia de un hotel-cápsula de Tokio; los invitados, ellos y ellas, siempre, al frente, mirando a la cámara y soltando sus perlas vocales y Bizarrap, de espaldas, sentado al ordenador, moviendo los brazos suponemos que para ofrecer una prueba de vida (porque uno ve las fotos de este hombre y parece el maniquí de una sección de moda urban de unos grandes almacenes). El guion se repite, las canciones casi todas suenan a lata (no, no es Tainy, precisamente) y la intriga consiste exclusivamente en saber quién será el siguiente en prestarse a colaborar y si habrá salseo en las letras. Ni más ni menos.
Entonces, voilà, me entero de que Gonzalo estudió Marketing antes de dedicarse por completo a la producción musical y de que, al parecer, en alguna ocasión ha asegurado que en su éxito han tenido tanta responsabilidad sus habilidades para olfatear los negocios como su (más que cuestionable) pericia con el FL Studio. O sea que el argentino se ha convertido a sí mismo en una marca, que debe de ser equivalente en los términos del business a lo que hizo el doctor Seth Brundle en La mosca.
Desde mi ordenador, con mis precarios medios investigadores y no les voy a descubrir quién es este Bizarrap, qué secretos guarda; él no quiere y yo, la verdad, visto lo visto, y oído lo oído, tampoco. Así que dejémosle así, convertido en una marca de sí mismo, moviendo los brazos en un playback en un set de azul neón que remeda su habitación juvenil. Jorge, tenía que haber elegido al cantante de reguetón que reventó el mundo con una canción, se retiró para dedicarse a su fe cristina y ha vuelto a las artes del dembow.
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