Opinión
Los jugadores somos gente solidaria
Ahora que se va acercando el sorteo del Gordo no estará de más recordar que los jugadores son gente solidaria, pese a la mala reputación del juego y de las apuestas. Dicen los cenizos que la lotería es el impuesto de los tontos, pero esa es opinión gravemente injuriosa para quienes apuestan unos euros a un décimo, que en Navidad somos todos, o casi.
Los que participan habitualmente en los sorteos son contribuyentes voluntarios que aportan dinero para sufragar la Sanidad, la Educación y otros servicios de mucho provecho ciudadano, sin que nadie los obligue a ello.
Sus aportaciones benefician incluso a los egoístas que se niegan a comprar un billete de lotería o rellenar una Primitiva; y por tanto no contribuyen a la salud de las arcas públicas.
Por el contrario, los jugadores tributan doblemente y con gusto al Tesoro. La primera, al adquirir su participación en el sorteo; y la segunda, cuando les toque un premio de cierta cuantía. En este último caso, no dudan en dejarle un veinte por ciento de propina al Estado, aunque, cierto es, no podrían hacer otra cosa.
Como es natural, las loterías las gestiona el Ministerio de Hacienda, que se ocupa igualmente de recaudar los otros impuestos forzosos que tanta gente desea evadir. No pocos lo consiguen, como bien saben los banqueros de Suiza, Andorra y otros paraísos en los que el dinero escamoteado al fisco vive como Dios.
Los jugadores, en cambio, somos gente generosa. Aun sabiendo que las posibilidades de acertar son mínimas y hasta infinitesimales, nuestra actitud filantrópica nos lleva a insistir semana tras semana en las apuestas. No es dinero perdido, sino entregado para sufragar las necesidades de la ciudadanía en general.
El esfuerzo merece la pena. La sociedad que gestiona las apuestas –SELAE– es una de las empresas públicas más rentables de España, en la medida que sus beneficios representan casi un treinta por ciento de la facturación. No es de extrañar, si se tiene en cuenta que los impuestos derivados de la actividad los ingresa el Estado propietario de la empresa. El beneficio neto coincide con el bruto.
Habrá quien ponga objeciones de tipo moral a este fomento de la ludopatía que practica con toda soltura el Estado, pero esos son tiquismiquis. Religiosos a su modo, los españoles rezan solidariamente al Gordo navideño y a Santa Primitiva, Virgen más fácil de encontrar en los despachos de lotería que en los calendarios litúrgicos.
Prueba de ello es el milagro del sorteo de Navidad, cuando apostar deja de ser un vicio reprobable para convertirse en tradición que el pueblo sigue multitudinariamente. Un prodigio así no sería hacedero sin la filantropía de los millones de españoles que contribuimos voluntariamente a la salud financiera del Estado. Y aún nos acusarán de viciosos e insolidarios.
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