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Opinión

La difícil prevención del suicidio

No está claro qué factores influyen más en las conductas suicidas, si son psicosociales, trastornos mentales o acontecimientos negativos

Romeo y Julieta se suicidaron por error y por amor. Julieta duerme un sueño profundo inducido por un brebaje que le da su confesor y cómplice. Romeo entra en la cripta donde yace Julieta y la cree muerta. Bebe el veneno que había comprado por si la planeada huida con su amada y esposa se frustrara. Cuando Julieta se despierta, desesperada se quita también la vida. Menos romántico y emotivo fue el suicidio de Stefan Zweig y su mujer. Los encontraron muertos en la cama de la casa que habían alquilado en Petrópolis, en las afueras de Río de Janeiro. Zweig, judío, huía de Hitler. Para él, todo se desmoronaba. Recordaba el mundo de principios del XX. Cuenta que el estallido de la primera guerra mundial cogió a sus compatriotas bailando. Porque eso era lo que hacía: vivir despreocupadamente. Nada volvió a ser igual. La llegada de Hitler al poder fue el último empuje para derrumbar "El mundo de ayer". Tenía 60 años y no se sentía con fuerzas para desde esas ruinas edificar su nuevo mundo. Se suicidó por hastío y decepción, se había cansado de vivir. Solo tenía 60 años.

Según el Instituto Nacional de Estadística, se produjeron 4.116fallecimientos por suicidio en el año 2023. Se matan más los hombres que las mujeres y mucho más los ancianos que los jóvenes. Las diferencias son notables, alcanzando 46,3 suicidios por cada 100.000 hombres mayores de 90 años, frente a 4,4 en las mujeres de esa misma franja de edad. A los 70 años la tasa se dispara en hombres, no tanto en mujeres ¿ por qué? Esa es labor de la epidemiología, como lo fue el desentrañar las causas del cáncer de pulmón o de la cardiopatía isquémica. Veamos lo que se sabe.

Un análisis estructurado realizado por Franklin y colaboradores, que abarcó 365 estudios de los últimos 50 años, reveló que la capacidad predictiva de los factores de riesgo tradicionales para los pensamientos y comportamientos suicidas ha sido solo ligeramente mejor que el azar. Es decir, estos factores han tenido poca precisión para anticipar quién podría desarrollar pensamientos o conducta suicida.

En el Instituto de Salud y Bienestar de Glasgow realizaron un minucioso estudio de los factores de riesgo de suicidio. Identificaron 119. Demasiados. En hombres destacan como los más potentes, el uso de alcohol o drogas, la depresión y el estado civil: soltero, divorciado o viudo. Contra la idea que fácilmente se puede tener, de esos 119 factores solo 9 tenían que ver con la personalidad. Para hacerse una idea, 21 son factores psicosociales, 16 se relacionan contrastornos mentales, 15 con enfermedades físicas y 11 con acontecimientos vitales negativos

El Ministerio de Sanidad ha elaborado, con la participación de expertos y grupos de interés un Plan de Prevención del suicidio 2025-2027. Allí se afirma que "la prevención más efectiva está asociada a intervenciones estructurales (como la restricción de acceso a lugares de riesgo) y la restricción del acceso aagentes farmacológicos. También existe evidencia de eficacia en programas basados en entornos (por ejemplo, en escuelas, comunidades, lugares de trabajo, prisiones, fuerzas armadas y cuerpos policiales), así como la formación dirigida a médicos de atención primaria". El documento, que se apoya en una guía de práctica clínica de prevención del suicidio, establece 4 líneas estratégicas que se concretan en 31 acciones, cada una con sus responsables, sistemas de información e indicadores de seguimiento. Esto es lo que suele pasar con los planes. Demasiados objetivos e instituciones y sectores implicados

Acudo a Durkhein para aclararme. Escribió en 1897 un libro de referencia con el título "Suicidio: un estudio sociológico". Allí especulaba sobre el papel protector de la religión católica y concluía que no eran sus normas si no la cohesión del grupo frente al individualismo protestante. También los momentos de crisis son proclives al suicidio. Ocurren tanto cuando hay una debacle económica como cuando hay periodos de inusitada prosperidad. Cualquier alteración del equilibrio, "es un impulso a la muerte voluntaria" porque se produce una reclasificación y la sociedad no puede ejercer su papel regulatorio: la ausencia de unos límites a las aspiraciones humanas hace que alcanzar la felicidad sea imposible. Es lo que denominó la anomia, un concepto interesante que recoge la alienación y desorientación en las sociedades individualistas cuando las normas y reglas se tambalean. También en la familia :"Si la desaparición de uno de ellos ( de los esposos) incrementa el riesgo de matarse del otro, no es porque los lazos que unían personalmente a ambos se hayan roto, sino porque resulta de ello una perturbación para la familia, cuyo superviviente sufre el golpe". Los viudos sufren más el golpe, o más bien pierden más porque para ellos la protección era más eficaz: "Es preciso admitir que la sociedad conyugal, tan perniciosa para la mujer, es, por el contrario, beneficiosa para el hombre".

Si son los hombres mayores los que más riesgo tienen de suicidio y de ellos conocemos bastante bien las circunstancias que los empujan a ello, parece que lo más eficaz, y eficiente, sería centrarse en ellos y en los factores que desde la sociedad podamos modificar.

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