Opinión
"Dilexit nos" (Francisco) y "Dilexi te" (León XIV)
De la Encíclica del Papa fallecido a la Exhortación Apostólica de su sucesor
Hace días comenté a José Manuel Vidal, amigo y director de "Religión digital", que ignoraba la causa por la que dejaba de escribir de temas teológico-religiosos al terminar un pontificado, bien por renuncia (Benedicto XVI) o por muerte (Francisco), y hasta el transcurso de meses de ejercicio del nuevo pontificado. Y José Manuel Vidal, hombre inteligente, me dio una explicación: "Es que guardas el luto y cuando vistes ya de alivio, como ahora, ya vuelves a escribir".
Es verdad: al renunciar Benedicto XVI y al morir Francisco, padecí tristeza (con "il cuore" triste) y me enluté, de negro, de negro total, cual gitana en duelo. A Benedicto XVI llamé "mi bendito Benedicto", entusiasmándome sus tres Encíclicas, y no gustándome nada ni su renuncia ni ciertos nombramientos en los finales del Pontificado, sabiendo él de su renuncia prevista, tal como escribí en "Religión Digital". Me costó, por otra parte, entender el lenguaje porteño y las acciones de Francisco, lamentando su indiferencia a lo jurídico, pero al final, creí entenderlo y fui de él.
Esta vez, además, el 4 de octubre de 2025, en plena melancolía leí una columna periodística ("Abc"), firmada por Bruno Pardo, en la que a la pregunta de por qué se escribe, se refiere a la posible necesidad profunda de figurar, de estar o ser, preguntándose por qué a los que escriben les resulta tan difícil de soportar el silencio, si se van a morir como los demás. Por pensar que podía yo ser, escribiendo, un figurón o un buscador de inmortalidades absurdas, me dio mucha vergüenza, quitándoseme, de raíz, las nuevas ganas de volver a escribir, y así hasta hoy, que las vuelvo a tener, azotándome con disciplinas para evitar ser un narciso bobo. Y menos mal que leí el trabajo titulado "Melancolía", de Carlos Thiebaut, incluido en el libro "Atlas político de emociones", editado por Trotta en 2024. Un Rey de España interrogó a un caudillo venezolano: "¿Por qué no te callas?".
En el año 2024 también leí la Carta Encíclica del papa Francisco "Dilexit Nos", de 24 de octubre, la cual me pareció un gran texto por su profundidad teológica y brillantez estética, lamentando en un artículo publicado en "Religión Digital" que pocos leyeran ese texto. Juzgué importante que la primera Exhortación Apostólica -que no Encíclica- de León XIV se titulase "Dilexi Te". Y repárese que en la Encíclica de Francisco lleva en el titular un pronombre personal en plural (Nos) y que en la Exhortación de León XIV, el pronombre personal está en singular (Te).
Me extraño que un papa tan pastor como Francisco, elaborase un texto tan teológico, y esa, mi extrañeza desapareció al leer el número 3 de la Exhortación de León XIV que dice: "El papa Francisco estaba preparando, en los últimos meses de su vida, una exhortación Apostólica sobre el cuidado de la Iglesia por los pobres y con los pobres, titulada ‘Dilexi Te’". Y añade: "Habiendo recibido como herencia este proyecto, me alegra hacerlo mío y proponerlo al comienzo de mi pontificado, compartiendo el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres".
I.
Esto último escrito por León XIV es muy importante, pues ha de recordar que el papa Francisco, desde su condición de arzobispo de una gran capital como Buenos Aires, fue un personaje principal en la llamada "Teología de los pobres" o "Teología pastoral popular", muy del hemisferio Sur, de donde llegó a Roma. Una Teología en la que los pobres son el centro, pues Cristo fue el primero de los pobres, siendo preferencial la opción. Y eso que fue nuclear en el pensamiento de Francisco, lo es en León XIV, que también llegó a Roma desde aquel lejano hemisferio. Y aquí procede diferenciar la llamada "Teología de los Pobres" de la "Teología de la Liberación", que tantos problemas planteó y plantea por ser de raíz marxista, que carga cuestiones de tanto peso y problemáticas, por marxistas, como la lucha de clases y otras materialistas.
Es importante tener en cuenta los signos con los que el papa Francisco quiso a Prevost (hoy León XIV) como su sucesor. De un Obispado de Misión en Perú (diócesis de Chiclayo), le trasladó a Roma, nombrándole Prefecto de un Dicasterio esencial, el de los Obispos; fue creado Padre Cardenal, y dentro del Cardenalato perteneció al orden episcopal, el de mayor importancia si cabe que los otros dos órdenes cardenalicios, el presbiteral y el diaconal (canon 350 del Código de Derecho Canónico).
Hubo otro dato importante que fue la compañía al Papa en el último viaje de éste al extranjero: el viaje, muy importante, del Papa a la isla francesa de Córcega, viaje que el mismo Papa comentó el impacto recibido por la tumultuosa presencia de jóvenes. Que los vaticanistas y la prensa italiana apostaran, con ocasión del último cónclave, por otros nombres, es acreditación de despiste o de cosas peores por malevolencias. Ese no fue nuestro caso, que en "Religión Digital" quedó escrito.
Podrían traerse a colación cientos de citas de la Encíclica "Dilexit Nos" sobre el amor, sobre el Corazón de Jesús y el de todos nosotros. Me bastan dos citas:
"Frente al propio misterio personal, quizás la pregunta más decisiva que cada uno podría hacerse es: ¿tengo corazón?".
"La devoción al Corazón de Cristo no es el culto a un órgano separado de la persona de Jesús. Lo que contemplamos y adoramos es a Jesucristo entero, el Hijo de Dios hecho hombre, representado en una imagen suya donde está destacado su corazón".
Llama la atención lo que en la Encíclica se denominan Resonancias en la Compañía de Jesús (números 143 y siguientes) y también es importante la cita de León XIII sacada de la Carta Encíclica "Annum Sacrum" (número 166). Y Francisco comenzó así su Carta Encíclica: "No amo, dice San Pablo refiriéndose a Cristo".
II.
De León XIV ya escribí anteriormente. De su pensamiento sobre la "Teología de los Pobres" está no sólo en la Exhortación Apostólica, sino también en la homilía de la Misa del Jubileo de los Pobres, celebrada en la Basílica vaticana el pasado 11 de octubre. Pudiera ser, acaso o tal vez, que la primera Encíclica de León XIV sea sobre el tema de la Inteligencia Artificial, teniendo en cuenta la trascendencia del tema principalmente, pero también teniendo en cuenta su preparación matemática y por pertenecer a una orden religiosa, los Agustinos, dedicada a la formación de la juventud.
Si radicales a veces resultaron las palabras de Francisco, no menos radicales resultan las siguientes palabras de León XIV en la Exhortación: "Es preciso seguir denunciando la dictadura de una economía que mata y reconocer que mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría civil. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera".
Lo entrecomillado en cursiva es el gran debate en estos momentos en Francia, junto al terrorismo y el narcotráfico, que en España también lo sería si no fuese porque estamos aturdidos con la corrupción, incluida la del Gobierno
Y señala León XIV lo que entiende por pobreza; rinde tributo a San Óscar Romero, por supuesto que a su predecesor. También a las conferencias del Episcopado Latinoamericano que en Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida hicieron nacer para la Iglesia Universal la "Teología de los Pobres".
Y finalmente dos referencias subjetivas:
A.- Después de leer la Encíclica y la Exhortación papales, entiendo un poco mejor las esculturas del Sagrado Corazón, tan jesuíticas, que una está en Oviedo, en lo alto del Naranco, y otra en lo más alto de la "Iglesiona", en Gijón.
B.- El capítulo III de la Exhortación de León XIV se titula Iglesia para los pobres, haciéndose un repaso de ciertas órdenes e institutos religiosos volcados a la pobreza. En el número 70, dentro de "La Iglesia y educación de los pobres", aparece San Marcelino Champagnat, que causará emoción a los que hicimos el bachillerato en el Colegio de los Maristas de la calle Santa Susana de Oviedo, y que tanto rezamos para que Marcelino pasara de beato a santo, que ahora ya lo es, a Dios gracias y a nuestras oraciones juveniles. Y ya entonces nos preguntábamos cómo era posible que siendo superiores a los jesuitas de Gijón en baloncesto y a los dominicos de San Lázaro en hockey, nuestro Marcelino sólo fuera beato, frente a santos de tanto prestigio y tradición como San Ignacio de Loyola o Santo Domingo.
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