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Señales discrepantes

El Gobierno (con "o") presume de que vamos como un cohete: crecemos más que la mayoría de los países, aumenta el empleo. Siendo ciertos estos datos –que tienen componentes que no derivan directamente del aumento de la productividad ni de la retribución del empleo–, la realidad es que la riqueza de los trabajadores y las familias está estancada, y aun experimenta un cierto declive con respecto a su capacidad de compra anterior; que nuestro diferencial con Europa aumenta y que las familias con escaseces se acrecientan, como muestra el I Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España. Tal vez España vaya como un volador, pero los españoles caen hacia el suelo, como el impulsor que sirvió para ascender el volador.

¿Y en Asturies? Evitaré los números. Les doy dos datos indirectos: el parque de automóviles asturiano es de los más envejecidos de España –que tiene, asimismo, una de las cifras más elevadas de Europa–: 15,2 años de edad media, frente a los 13,9 del resto. ¿Qué quiere decir eso? Pues, como ustedes saben, que la gente tira con su coche hasta donde puede, porque no sobra el dinero para un cambio, pese a los incentivos a la compra de eléctricos.

Pero el problema no está solo en los particulares. Cerca del 60% de las carreteras asturianas interurbanas presentan daños graves o muy graves. Habría que actuar en más de 2.800 kilómetros, lo que requeriría una inversión de 692 millones. ¿Por qué tenemos que circular aguantando baches o brechas? Sencillamente: porque el Gobiernu (con "u") anda, como los particulares, canino.

Con todo, hay ciudades que se empeñan en establecer Zonas de Exclusión de Pobres, que llaman de otra manera. Y, ya ven, en Francia una comisión de la Asamblea Nacional votó a favor de no instaurar las ZBE, porque "penalizan a los hogares de más bajos ingresos". Ciertamente, aquí a muy pocos les importa eso.

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