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Opinión

Pasaron siete años

Si no fuera por la ola de indecencia que arrastra la política de este país, podría entenderse como una broma pesada. Sin embargo, ahí la tienen hecha realidad y con estrambote: el mismo que viste y calza que tomó la palabra en 2018 durante la moción de censura que hizo presidente a Pedro Sánchez y que levantó la voz desde la tribuna del Congreso exclamando "los españoles no podemos tolerar la corrupción" ha ingresado en la cárcel acusado de corrupto. Han pasado poco más de siete años, pero el camino se empezó a andar mucho antes. José Luis Ábalos fue interiorizando la palabra corrupción probablemente de tanto repetirla en aquella ocasión, hasta catorce veces.

No está entre rejas un diputado de tantos, un culiparlante más: el tipo que ha sido llevado a prisión por "un riesgo extremo de fuga" fue durante años el hombre de extrema confianza, mano derecha del presidente del Gobierno y titular del Ministerio que maneja el mayor presupuesto del Estado. Uno de los cuatro pasajeros del famoso Peugeot con que Sánchez, recorriendo España, quiso ganarse al socialismo. Los otros dos, igualmente estrechos colaboradores del Presidente, ya conocen también lo que es dormir a la sombra. Sánchez, el cuarto pasajero, trata de hacer creer que sus más íntimos confidentes, en los que depositó confianza y con los que compartió la aventura azarosa de la carretera, son únicamente tres manzanas podridas. Por resumirlo: o no se enteró de lo que pasaba y erró sucesiva e imperdonablemente al nombrar a Ábalos y a Cerdán secretarios del partido, o, habiéndose enterado de ello, permitió la corrupción, o participó desde la distancia en lo que estaba sucediendo. Son las tres suposiciones, todas terribles, que se me antojan y pueden hacerse. Nadie puede negar que Ábalos, Cerdán y Koldo llegaron hasta donde llegaron gracias al poder otorgado.

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