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Repetición de la pregunta

¿Habrá elecciones anticipadas?

Cuando Junts anunció la ruptura con el Gobierno, emplazó a Pedro Sánchez a explicar cómo pensaba gobernar a partir de ese momento. La portavoz del partido independentista reiteró la petición en el Congreso y en declaraciones a los medios, interesados en precisar la posición adoptada por su grupo. La votación sobre la prórroga de las nucleares generó dudas, que ahora, tras el rechazo al trámite preliminar del debate presupuestario, parecen haberse disipado. Es un hecho que Junts ha retirado su apoyo, que Podemos se muestra muy reticente a votar las iniciativas procedentes de Moncloa y que el PNV ya no está seguro de que convenga prolongar la legislatura. El Gobierno reconoce abiertamente que está en minoría. No obstante, mantiene con aparente firmeza que seguirá en su puesto sin novedad. No por ello ha decaído la pregunta que, con independencia de que fuera Puigdemont quien la formulara, sigue en pie.

Cómo gobernar en minoría en una democracia parlamentaria no es la única dificultad a la que se enfrenta el ejecutivo de Sánchez. A su alrededor se ha formado una escandalera tremenda, no siempre con fundamento sólido, que le obliga a ponerse a la defensiva, al modo numantino, y le impide centrarse en los problemas de los ciudadanos que reclaman una intervención prioritaria. Por esta causa y la anterior, el Gobierno ha ido cayendo en la inactividad, dando la sensación de que solo consigue entretener el tiempo. Cabe preguntarse a la espera de qué. Porque, mientras, el malestar crece en todos los ámbitos, la coalición parlamentaria que lo sostiene se resquebraja y la opinión pública empieza a cuestionar de manera explícita la situación.

Ante este panorama, la pregunta que se repite es si deberían convocarse elecciones. El PP, con prisa, mete presión para que se celebren cuanto antes, confiado en la victoria. Su propuesta consiste en provocar un cambio de gobierno, con la promesa de conducir la política española a una renovada normalidad democrática. Descartada una cuestión de confianza, que el Gobierno se niega a plantear, consciente de que es más que probable que viniera a suponer su caída automática, y pospuesta indefinidamente una moción de censura hasta que tenga los votos que aseguren de antemano su triunfo, para Pedro Sánchez todo se reduce a la alternativa de seguir como sea, a la que se aferra, o adelantar las elecciones. Según una encuesta reciente del Instituto DYM, publicada hace escasos días, el 62% de los españoles es partidario de la opción electoral.

La coalición de gobierno pudo formarse gracias al apoyo recibido por Pedro Sánchez de una mayoría del Congreso en la votación de investidura. Esa mayoría ha dado una estabilidad, que no fortaleza, al Gobierno. El desplante de Junts y de Podemos ha convertido la mayoría en minoría y deja al Ejecutivo en un estado muy precario. Sin embargo, el PSOE, al contrario que Sumar, ha contado con la lealtad de gran parte de sus votantes. Los sondeos registran una pérdida de apoyo electoral importante, que en ningún caso ha llegado a ser dramática. Pero la encuesta citada aporta datos para reconsiderar la decisión a tomar. Un 57% de los votantes socialistas estiman grave o muy grave el respaldo al fiscal general. El 42% se inclina por convocar elecciones y un 40% opina que Pedro Sánchez no debería ser el candidato del PSOE.

La política nacional está en una coyuntura muy problemática, como las que vivimos en varias ocasiones con gobiernos de UCD, el PSOE y el PP. El Ejecutivo de Pedro Sánchez no da abasto para apartar obstáculos de su trayectoria. Obligado a forzar las cosas, a veces produce la impresión de que es indiferente a las circunstancias que lo rodean. El esfuerzo podría resultar inútil e irresponsable. Aitor Esteban ha manifestado que las costuras del estado están a punto de romperse. El Gobierno se muestra decidido a presentar el proyecto de presupuestos, a sabiendas de que será rechazado. ¿Acaso lo hace porque Pedro Sánchez ha decidido anticipar las elecciones? Vincular la continuidad del Gobierno a la aprobación de los presupuestos es una forma correcta de salir del atolladero. La democracia siempre ofrece soluciones, aunque conviene distinguir entre las buenas y las malas. Pero en ese caso, Pedro Sánchez debería hablar con claridad y compartir con los ciudadanos sus condiciones y la opción que ha elegido. El trance en el que estamos lo exige.

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