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Con Junts, no

Cuando una ve a Feijóo mendigar a los empresarios que votan a Junts y a los que puedan hacerlo a ERC, si es que los hay, que los habrá, para que convenzan a dichos partidos de que le apoyen en una moción de censura, tiembla –metafóricamente, pero tiembla– y le entra el vómito mucho más de lo que ha temblado y ha sentido arcadas hasta ahora.

No le importa que el motivo sea la putrefacción sanchista en forma de corrupción casposa, la cutrez de su entorno familiar, desde el suegro de las saunas, pasando por la mujer trepa o el hermano vago, ni sus mentiras que él esconde bajo cambios de opinión o su prepotencia, intento de abuso de poder y falta de lealtad institucional para con el poder judicial. Y fíjense que todo eso le parece gravísimo.

No sé si en circunstancias extremas el fin justifica los medios. Pero cuando aparece Puigdemont en donde sea, con su cabeza de pelucón y sus aires de Papa Borgia o habla Miriam Nogueras con su impavidez patibularia, su mandíbula pétrea y su desprecio, más bien odio, elitista por todo lo que no sea ella, su jefe y el sacrosanto entorno de la barratina, la butifarra, els castellets, el caganer y la sardana, le entran ganas de gritar que ¡con Junts nunca! a ningún lado, ni aunque sea para echar a Sánchez, que hasta le parece menos castigo en comparación con la portavoz que le llamó hipócrita y cínico con esa cara de asco con la que anda por la vida.

Dicen los que saben que el PP está ya negociando con Junts y que estos le exigen que no ponga trabas a la amnistía rápida y total del prófugo, que impulse el reconocimiento del catalán en Europa y que favorezca una financiación premium para Cataluña. Afirman que a algunos en Génova esos requisitos les parecen muy poco, porque temen a Vox más que una cierva al lobo. Pero como una está convencida de que los nacionalismos son la peor lepra de la política universal, con todo mi respeto por la familia de BenHur, termina como empezó. Con Junts, no. Ni para una moción instrumental.

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