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Opinión

Ahora a por Cisjordania, de forma discreta para que nadie se sobresalte

El conflicto entre Israel y Palestina

Pedro Arcos es investigador del Oxford Public Health Research Group

La situación en Gaza y en Cisjordania ha sido extremadamente tensa en las últimas semanas, pero con dinámicas distintas en cada territorio. Mientras en Gaza la violencia directa entre Israel y las facciones palestinas está en una fase de relativa y frágil calma tras el alto el fuego de principios de octubre, las sanciones, el bloqueo y las restricciones por parte de Israel continúan y la población civil desplazada, 1,9 millones de gazatíes, vive una situación de extrema gravedad.

Por ello, la emergencia humanitaria de Gaza es hoy la más crítica de los últimos meses. Los informes de la ONU y las agencias humanitarias muestran claramente como, además de la destrucción masiva de viviendas e infraestructuras acumulada durante los años de conflicto, los episodios de inundación de este noviembre han agravado la emergencia. Miles de tiendas y refugios temporales han sido dañados, y decenas de miles de familias están más expuestas al frío y a condiciones insalubres con un aumento de los brotes de enfermedades de transmisión hídrica (como hepatitis A, polio o disentería, cuyos casos han aumentado un 150%) y aérea (como neumonías infantiles). Mientras, los pasos fronterizos para la ayuda funcionan solo intermitentemente y no hay visos de ningún tipo de reconstrucción ni a medio, ni a largo plazo.

En Cisjordania, la Ribera Occidental ocupada, ha habido un notable aumento de la violencia y de las acciones de colonos contra la población palestina. Sólo en este pasado octubre se han documentado 264 ataques de los colonos, todo un récord mensual desde 2006, con un promedio de 8 ataques por día. Y en la primera mitad de 2025, 2.153 incidentes fueron perpetrados por colonos, incluyendo ataques organizados contra aldeas, incendios de viviendas, tiroteos y el establecimiento de 23 nuevos puestos de asentamiento.

En la primera mitad de 2025, más de 12.000 árboles fueron destruidos y, durante la temporada de cosecha de aceituna (octubre a noviembre) hubo 167 ataques relacionados con la recogida en 87 comunidades palestinas en los que fueron heridos 151 palestinos (83 por colonos y el resto por fuerzas israelíes) y dañados más de 5.700 árboles y plantones, mayoritariamente olivos. La pérdida de olivos no es solo económica, al ser casi la única fuente de ingresos de los palestinos, sino que los olivares tienen un fuerte valor cultural-simbólico y su destrucción es también un golpe al patrimonio comunitario.

Este número récord de ataques de colonos desde octubre no solo es un repunte mensual, sino una tendencia a la escalada de violencia estructural sobre los palestinos. El hecho de que más de 150 personas resulten heridas en la temporada de recogida de olivos y que miles de árboles sean destruidos tiene un impacto directo sobre el sustento económico de las comunidades palestinas agrícolas y rurales. Los olivos quemados tardan entre 3 y 5 años en recuperarse y esto lo saben bien los colonos israelíes que los queman.

Hasta noviembre de 2025, 45 niños palestinos habían sido asesinados por fuerzas israelíes en Cisjordania (incluyendo Jerusalén Este) y 3.200 palestinos de comunidades beduinas y de pastoreo han sido desplazados por la violencia de los colonos y las restricciones de movimiento. El hecho de que casi una cuarta parte de las muertes por fuerzas israelíes en Cisjordania correspondan a niños es un dato alarmante sobre el alto costo humano del conflicto en las poblaciones más vulnerables.

Tras arrasar Gaza, ahora Israel opta en Cisjordania por una estrategia más discreta de agresión y expulsión. Un sistema de goteo diario de ataques, destrucción y muertes pensado para no llamar mucho la atención y no sobresaltar a nadie en la comunidad internacional.

Mientras tanto, las demoliciones y los desplazamientos sin permiso ("lack-of-permit demolitions", un curioso eufemismo israelí para expresar que las viviendas de los palestinos pueden ser demolidas en cualquier momento sin precisar ningún motivo para ello) continúan a buen ritmo. Las autoridades israelíes emitieron 556 órdenes de demolición y llevaron a cabo 380 demoliciones que afectaron a 588 instalaciones en la primera mitad de 2025. La cifra de niños palestinos desplazados por la demolición de viviendas en el primer semestre de 2025 alcanzó un récord con 607 niños y niñas entre las más de 1.500 personas desplazadas en Cisjordania, incluido Jerusalén Este, aproximadamente 1.000 de ellos en el Área C y 500 en Jerusalén Este

La incursión en los campamentos de refugiados de Yenín, Tulkarem y Nur Shams a principios de 2025 ha provocado la crisis de desplazamiento más larga y extensa en Cisjordania desde 1967, con al menos 31.919 personas refugiadas aún desplazadas según UNRWA.

Estas demoliciones sin permiso son una fuente clave de desplazamiento ya que los permisos de construcción son casi imposibles de obtener para muchos palestinos, especialmente en el Área C, lo que convierte estas demoliciones en un motor estructural del desalojo.

¿Cuáles son los escenarios a corto plazo? Si la tregua en Gaza se mantiene y las negociaciones continúan (ambos procesos están ahora estancados), podría abrirse una ventana para el envío masivo de ayuda y un plan de reconstrucción con actores internacionales; pero sin garantías políticas firmes y sin abordar causas estructurales (bloqueo, seguridad, control de fronteras), esa recuperación sería parcial y frágil. En Cisjordania, si no se detiene la violencia de colonos y no se mejoran los mecanismos efectivos de protección y de investigación judicial, la tensión social y la posibilidad de enfrentamientos mayor escala seguirán elevadas, con un efecto desestabilizador sobre cualquier proceso político de mayor alcance. La voluntad de desestabilización es clara y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha anunciado explícitamente este septiembre que el objetivo del Gobierno israelí es anexionarse el 82% de la Cisjordania ocupada para impedir el establecimiento de un Estado palestino.

En definitiva, Israel sigue dando una de cal y otra de arena (más bien una de cal y muchas de arena). Mientras tanto, gana tiempo para que el porcentaje de territorio ocupado alcance los objetivos. Cisjordania está sujeta a planes gubernamentales para anexionar el 82%, y el 61% ya está fuera del uso palestino efectivo debido a los asentamientos y restricciones. Y en Gaza, las fuerzas israelíes han establecido zonas de control militar que abarcan ya el 75% del territorio. Todo un ejemplo de perseverancia. Y es que la perseverancia del agresor acabará también consiguiendo que las emergencias de Gaza y Cisjordania pasen a engrosar la lista de "crisis olvidadas".

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