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Opinión

Cómo explicar la filosofía en la adolescencia

Reflexión a partir de una encuesta callejera y el encendido de las luces de Navidad

Ha sido oportuno y hasta bonito que dos adolescentes aborden en plena calle. E·studiantes de primero de bachiller, su profesor tuvo el acierto de enviarles a hacer entrevistas. ¿Qué mejor unidad didáctica que ir a las fuentes?

El currículo les marca las competencias a adquirir, indagar y ayudar a reflexionar sobre la filosofía y su identidad. La vida les sale al encuentro.

Apuntan que la finalidad de la filosofía, en ese estadio, es proveer un marco conceptual y metodológico de deliberación dialógica, racional y autonomía de juicio.

Su profesor les lleva a la "ironía de Sócrates" o mayéutica empujándoles a la dialéctica de calle y deben buscar las respuestas que su maestro simula ignorar.

Los estudiantes hacen de "partera" buscando conocimiento a través de la sociedad e ir puliendo prejuicios al contrastar el pensamiento ajeno, el propio y la corrección sabia de su educador.

Su primera competencia, general, sobrevuela la realidad y existencia humana, acompañada de la específica produciendo información gracias a la entrevista de calle.

¿Qué es la filosofía, y si es necesaria para los problemas actuales? Preguntan a los viandantes, a su vez, que citen a filósofos conocidos.

Se irán sorprendidos de vuelta al instituto. Objetivo cumplido por el mero hecho de hacer periodismo, que de primeras pensábamos nos iban a vender papeletas para el viaje fin de curso.

Marginación, desigualdad, etnocentrismo y un sinnúmero de riesgos tecnológicos acompañan la adolescencia. La filosofía debe ser su refugio reivindicando el pensamiento crítico y su propia autonomía, antes que la inteligencia artificial doblegue sus voluntades y les de la información con el embotamiento que hace el paté de ganso.

Solo el hecho que nuestros jóvenes piensen por sí mismos es una bendición, ya luego que sean capaces aproximarse a la "simploké" y descifrar que todo está relacionado con todo y nada internamente con nada, es otro cantar.

De haberse producido la entrevista estos días de luces de Navidad sería oportuno citar a Protágoras. Sofista de acción y defensor de las costumbres, para él los dioses (aún dudando de su existencia) eran fruto de la veneración de la mayoría de ciudadanos.

Acercarse Oviedo o Gijón para el encendido de Navidad y ver cómo el nacimiento de un niño, hace 2025 años, atrae a la inmensa mayoría sin distinción de género, bien pudiera explicar el valor de la filosofía para el entendimiento humano.

Aunque la economía prime, si es en concordia y comprometidos a un mundo mejor, sea bienvenida la Navidad anticipada y la vuelta a la filosofía.

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