Opinión
Los dónuts y los Hermanos Marx
Dónut es palabra que figura en el diccionario con el sentido de pieza de repostería en forma de rosca, generalmente glaseada. Dado que la lengua es de todos sus hablantes, parecería que se puede denominar así a cualquier rosquilla cubierta de azúcar o de chocolate; pero qué va. El Supremo acaba de poner fin a un pleito de nueve años de duración con una sentencia en la que establece que solo la panificadora Bimbo tiene derecho al uso comercial del término en España.
La gente le seguirá llamando dónuts a los productos de este tipo sin reparar en la marca, como es natural. Desde el punto de vista jurídico, sin embargo, habrá que afinar mucho más en la definición.
Una cosa es el dónut, con tilde y minúscula; y otra el Donut, sin acento ortográfico y con mayúscula. Este último es propiedad de una popular multinacional de México, quizá más conocida por el pan Bimbo.
Habrá quien observe que los dónuts son una versión americana de las rosquillas. La diferencia estaría en su textura esponjosa y tal vez en la mayor cantidad de colorantes, conservantes, estabilizantes y espesantes que se le añaden, como a cualquier otra bollería industrial. Cuestiones de detalle que, sin embargo, pueden dar origen a la intervención de los más altos tribunales en el asunto.
El largo pleito de los dónuts, en apariencia trivial, evoca otro bastante más divertido que en los años cincuenta le ganó el cómico Groucho Marx a la productora cinematográfica Warner Brothers. Lo que se disputaba entonces era nada menos que el uso comercial de la palabra "hermano", mucho más entrañable que dónut; y ya puestos, la propiedad intelectual de una ciudad marroquí.
Los Hermanos Warner le interpusieron una nada fraternal querella a los Hermanos Marx por su película "Una noche en Casablanca". Los querellantes consideraban esta comedia un plagio de la mítica "Casablanca" interpretada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman para la Warner.
Genial como en él era hábito, Groucho amenazó a su vez con otra querella a la Warner Brothers. Alegaba el más popular de los Marx que ellos ya eran hermanos mucho antes que los Warner y, por tanto, estos últimos habrían incurrido en plagio al fundar su productora.
En su fundada respuesta a la querella, Groucho retaba también a los Hermanos Warner a mostrar sus títulos de propiedad sobre la ciudad de Casablanca. En cuanto a otras similitudes, el comediante sugería que los espectadores "aprenderán con el tiempo a distinguir la sutil diferencia que hay entre Ingrid Bergman y mi hermano Harpo".
Ya fuese porque eran bienhumorados, ya porque se tomasen en serio la amenaza de querella recíproca, los de la Warner Brothers desistieron de seguir con el pleito. Se conoce que aquí no nos alcanza el sentido del humor ni para las rosquillas.
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