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Opinión

¿Qué hay que aprender?

Hay frases que no significan exclusivamente lo que a simple vista parecen; aunque se pronuncien de manera rotunda y solemne, requieren una aclaración o dos. Naturalmente a modo interpretativo: una columna está para opinar, y opinar consiste muchas veces en interpretar.

Pedro Sánchez se dirigió este lunes a Barbón, durante los premios de la Fundación Manuel Fernández, "Lito", con esta palabras: "Querido Adrián, que aprendan de Asturias". Se refirió, por supuesto, a una región "inigualable", a su patrimonio histórico, al coraje de los asturianos, a la Universidad pública, etcétera, etcétera, y en contraposición a todo ello, sin nombrarla, a Isabel Díaz Ayuso, origen de todo mal. Sin Ayuso no hay partido. Y era ahí precisamente, mediante la parábola asturiana, donde quería llegar Sánchez, librando su batalla con la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Corresponde ahora a la sagacidad del lector interpretar si el Presidente, al hablar elogiosamente de la Asturias de Barbón como un ejemplo para el resto del país, se refería, además, a la capacidad local para aguantar diluvios horizontales sin perder el paraguas, a la resignación de los asturianos o a la disposición del presidente del Principado a no rechistar ante el propio Sánchez. Por poner solo un ejemplo, era el primer encuentro entre ambos mandatarios socialistas tras el estallido del conflicto por el peaje del Huerna, con manifestaciones multitudinarias y tensión política, y el asunto, parece ser, no se abordó. Y si se habló de él se hizo sin que trascendiera. Quizás Sánchez quiso decir que España entera debería fijarse en esa capacidad para aguantar y, encima, poner buena cara. No cabe deducir de la sonrisa de Barbón, en las fotografías, el elogio o la advertencia política del Jefe. Y, como ven, tampoco hace falta una encíclica para desentrañar este fingido "que aprendan de Asturias".

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