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¡Tengamos la fiesta en paz!

A propósito de la llamada "cultura sidrera" y la promoción del alcoholismo infantil

Vaya por delante que soy bebedor más o menos habitual de sidra, que me gustan también sus rituales y que la sidra asturiana me parece una bebida excelente, sobre todo ingerida en compañía de amigos y, si es posible, en Asturias, y que, además, también creo que hay que reconocer que esta es una bebida que ha mejorado mucho, muchísimo, en los últimos años.

Es decir, y para que quede bien claro, que nada tengo en contra de esta bebida más o menos autóctona de Asturias, porque también hay sidra en otras latitudes, aunque en mi opinión, y según mi limitada experiencia, de peor calidad que la asturiana.

Estoy de acuerdo, pues, con todos los parabienes que se hacen a la sidra y lo que demás proceda en aras del asturianismo, pero de eso a hacerme eco y a admitir sin más cualquier payasada o desmán relacionado con la sidra so pretexto de su asturianía va un mundo.

Pienso que la cultura sidrera debe consistir o consiste esencialmente en beber sidra, conocer sus calidades y procesos de fabricación y las singulares fórmulas de relación humana que habilita su ingesta. También que la sidra procede de la manzana, cuyo cultivo tiene interés conocer, que hay sidrerías, lagares y chigres donde se escancia la sidra etc., etc., etc. …y para muy poco más da esa cultura.

Todo muy bien. Algo que los adultos asturianos y de otros sitios podemos conocer y disfrutar, desde luego, sin necesidad alguna de adornos identitarios procedentes de la ideología nacionaliega, que dicho sea de paso, y en bable, me parece un verdadero cagaritu intelectual.

Por eso mismo considero una verdadera insensatez el previsto acercamiento o inmersión de los niños asturianos en la cultura sidrera, o que la misma se convierta en materia de adoctrinamiento en las escuelas y colegios de Asturias, con el riesgo de fomentar o minusvalorar los efectos del alcohol, que en niños pueden ser demoledores e irreparables.

¿Que se les va a enseñar a esos niños? ¿A beber sidra, o a que más… ? ¿Se les va a escanciar agua y enseñar humo... ?

En esto del alcohol conviene delimitar muy bien los campos y las responsabilidades. Una cosa son los adultos y otra muy distinta los niños. Y ya tenemos bastantes problemas en la actualidad con el botellón y con el peligrosísimo alcoholismo de los adolescentes como para añadir más leña al fuego.

Esta historia de la enseñanza escolar de la cultura sidrera es prueba manifiesta de que los excesos voluntaristas del identitario astur ya fieden, porque no tiene ni pies ni cabeza que se introduzca la cultura de consumo del alcohol, por más que sea asturiano, en la educación escolar de los niños pequeños.

Si algo conviene a los niños asturianos es enseñarles la cultura de la leche y la bondad de su consumo y, si llega el caso, la del cacao.

Hace algunos años las autoridades sanitarias asturianas tuvieron que intervenir a instancia de algunos eminentes pediatras para poner fin a la indecente y peligrosa publicidad que excitaba el consumo de vino quinado para el desayuno infantil a través de un entonces famoso y simpático muñequito denominado Quinito, algo que había generado ya incluso algún caso de delirium tremens en menores de edad.

Entonces se actuó con racionalidad y con contundencia, y se acabó de inmediato con aquella publicidad y con el consumo infantil del vino quinado que anunciaba el tal Quinito.

Creo que, por elementales razones de salud pública, así debería actuar ahora la Consejería de Sanidad del Gobierno asturiano, si cree en la salud pública.

Por otro lado, permítaseme valorar adecuadamente las abundantes declaraciones de bienes "inmateriales" de la humanidad que viene realizando la UNESCO.

La Unesco agrupa a Estados muy distintos, a todos los cuales tiene que contentar. A unos, los del llamado tercer mundo, porque son mayoría, y a otros porque son los que pagan, y de esos pagos vive el funcionariado de la organización.

En ese marco de relaciones hay que colocar esas declaraciones patrimoniales, que traen causa de las presiones políticas inherentes a una organización que es como es, y en la cual es obvio que existe la tentación ( y la práctica) de utilizar de forma expansiva un concepto que en su momento supuso un gran acierto y que tuvo evidente importancia y significación cuando se aplicó a la salvación de grandes monumentos históricos o arqueológicos, bastantes de los cuales estaban en peligro de ruina y desaparición .

Pero el efecto del exceso siempre tiene consecuencias, y de hecho la relación de bienes patrimonio inmaterial de la humanidad que se ha proclamado en estos últimos años es inmensa, y en casos extravagante. Solo hay que acercarse a ese listado para ver que no exagero.

En todo caso, me parece muy bien que se busque y se logre la declaración de patrimonio inmaterial de la humanidad de la cultura sidrera, pero a la vista del listado enorme y muy variopinto de declaraciones de tal signo hay que dar a este asunto la matizada importancia que tiene, que desde luego es insuficiente a los efectos de inmersión de los niños asturianos en el mundo de la sidra y del alcohol.

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