Opinión
Jorge Ilegal se comió al Llargu
Jorge es, me cuesta utilizar el pasado, una persona ligada profundamente a mi adolescencia y juventud. Yo formaba parte de un grupo de amigos entre los que se encontraban cuatro chicas estudiantes de las Ursulinas. Una de ellas era Marta Martínez, la hermana pequeña de "El Llargu". En verano solíamos parar, creo recordar, en la escalera 13 de la playa de San Lorenzo. Allí, al caer la tarde, cantábamos acompañados por la guitarra de Íñigo Ayestarán, fallecido prematuramente, que fue miembro integrante de "Ilegales" en sus inicios. No eran pocas las ocasiones en las que aparecía Jorge y la reunión subía de temperatura. Tres años de diferencia se notan cuando eres un imberbe de 14. Le mirábamos con admiración y coreábamos con él canciones como "Sixteen Tons (Soy un vampiro)", "La plaga" o "George Jackson", de Bob Dylan, que él cantaba en español.
Tal vez deslumbrados por aquella figura, Íñigo y yo, junto a Gúmer Cobos y Juanjo Redondo, montamos un grupo de folk que acabó derivando en algo mucho más eléctrico: "Tren de Largo Recorrido", un cuarteto con Negrín a la batería y Pepe Soriano al bajo. Mientras tanto, las visitas al local de ensayo de Jorge, en el antiguo El Puentín, en la Guía, formaban parte de nuestra rutina. En esos años se fraguó mi cariño hacia Jorge: escuchábamos sus canciones, compartíamos opiniones sobre alguna novedad discográfica y prestábamos atención, como cuando habla un hermano mayor.
En 1979 nació "La Banda del Tren" y, poco después, Íñigo se fue a la mili. Al volver se sumó a las filas de Jorge y, junto con David, grabaron un LP histórico, aunque en Madrid tardaron en darse cuenta del potencial que contenía. Así andaban las cosas por la Corte: mirándose el ombligo.
"La Banda" e "Ilegales" compartimos escenarios hasta que nos deshicimos en 1984 y, ya en aquel entonces, el personaje de Jorge Ilegal se iba comiendo al Llargu. A pesar de ello, a solas con él, todavía he disfrutado de su charla y de sus contundentes opiniones. La última, en junio, durante el homenaje a Alberto Toyos en el Santa Cecilia de Avilés, donde no nos pusimos de acuerdo sobre la figura de Bob Dylan.
A sus actuales compañeros de ensayo y escenario poco puedo deciros, pero, al igual que a dos de sus hermanos, y también amigos, Marta y Juan, os envío un fuerte abrazo.
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