Opinión
Quinto movimiento: un legado legendario
Adiós a un genio del rock irrepetible

Robe Iniesta, en una actuación en verano en el Gijón Life, que se llenó para disfrutar de la música de su gira «Ni santos ni inocentes».
Ayer se nos fue Jorge Ilegal, esa voz que acompañó a nuestros padres y que todos llevamos tatuada en algún viaje familiar con las ventanillas bajadas. Hoy, el golpe creo que es más cercano a mi generación. Se va Robe Iniesta, y con él se cierra un capítulo irrepetible del rock español. Es difícil de digerir, no termino de asimilarlo. Formaba parte de mi rutina. Todas las mañanas voy escuchando sus genialidades a todo trapo en el coche y ahora ya no está. Me quedo un poco huérfano.
A Extremoduro me lo enseñó mi primera novia, cuando era un chavalín sin madurar, con más preguntas que respuestas y el corazón aún por estrenar. Recuerdo que los primeros acordes de “Dulce introducción al caos” me cautivaron desde el principio. Esas canciones sinvergüenzas, crudas, pero a la vez tan bonitas, me llegan al alma de una manera que pocas cosas lo hacen. Son canciones que te hablan sin filtros, que te dicen las verdades que nadie más se atreve a decirte, pero con ternura escondida entre la distorsión.
Los recuerdos se agolpan: esos viajes en el coche con mi mejor amigo Fabi cantando “Pepe Botika” a todo trapo y desafinando gloriosamente, mi madre silbando “Si te vas” por toda la casa, tarareando sin darse cuenta de que el pesado de su hijo ya se la había pegado. “¡Baja el volumen!”, me decía. Le encantaba.
La música de Robe se colaba por todas las grietas, llegaba a todas las generaciones, conectaba lo viejo con lo nuevo.
Tuve la suerte de verlo el año pasado en el parque Hermanos Castro de Gijón. Ahora siento alivio por haberlo visto, por haber estado ahí, por haber respirado el mismo aire mientras él desvivía por su público. “¡Apagad los putos móviles, joder!”, gritaba mientras una marea de miles de personas mostraban el flash de sus cámaras. Tenían al mismísimo Jesucristo García a escasos metros y se atrevían a verlo a través de una pantalla. Dramático.
Sin embargo, nunca tuve el placer de ver en directo a Extremoduro, mi grupo patrio favorito. Esa espina se queda clavada, pero al menos me queda el consuelo de haber presenciado el legado vivo de un poeta que nunca dejó de ser honesto.
Robe nos ha enseñado mucho a todos. Nos enseñó que la poesía no es académica, que puede nacer en las calles, en los bares. Nos enseñó que la vulnerabilidad es valiente, que hablar de tus miedos, de tus derrotas, de tus amores rotos no te hace débil sino humano. Nos enseñó que el rock puede ser sucio y limpio a la vez, que puede hacerte saltar y llorar en la misma canción.
Gracias por no haberte rendido nunca a la mediocridad, por habernos dejado “La ley innata”, que seguirá sonando en coches, en habitaciones, en corazones rotos que buscan consuelo.
Espero que la tierra te sea leve y tú le seas leve a la tierra. Y por favor, que te entierren con la picha por fuera para que se la coma un ratón.
“Hice el barquito de papel para irte a ver, se hundió por culpa del rocío. No me preguntes cómo vamos a cruzar, el río”.
Suscríbete para seguir leyendo
- El histórico hotel de Oviedo que cierra este lunes para abordar una profunda reforma
- Hallan a un joven desangrándose en el Antiguo de Oviedo tras ser apuñalado por tres personas
- El Papa León XIV bendice a un matrimonio de Gijón en la recepción a los voluntarios del Jubileo: 'Ha sido emocionante
- La familia asturiana Cosmen mantiene su empeño en operar trenes en el Eurotúnel, pese al primer revés
- Los 850 empleos que Indra ofrecerá en Asturias: los perfiles que demanda (desde ingenieros a estudiantes de FP) y cómo optar a ellos
- Un joven se fuga de un centro de menores de Asturias y aparece en Gijón con un gran machete
- El gran despliegue por el pescador de Coaña destapa fricciones entre Emergencias y la Guardia Civil por el mando de los dispositivos
- La dulce historia de Paula y Luis en Vegadeo: dejaron su vida en Madrid para reabrir un obrador de pastelería en la capital veigueña
