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Robe Iniesta, músico: La leyenda del indomable

El guitarrista y cantante de Extremoduro, Robe Iniesta, durante un concierto. EFE/Alberto Martín/Archivo

El guitarrista y cantante de Extremoduro, Robe Iniesta, durante un concierto. EFE/Alberto Martín/Archivo / Alberto Martín / EFE

Este texto fue publicado originalmente en diciembre de de 2024, cuando Robe fue diagnosticado de un tromboembolismo pulmonar y anunció que cancelaba su gira de despedida.

Bajonazo para los devotos de la religión de estado Extremoduro: Robe Iniesta, ese "poeta de la calle y el campo", fue diagnosticado de un tromboembolismo pulmonar y la actual gira se paralizó. Cuesta imaginarle (ser indomable enroscado al enigma) parado y con el vértigo entre paréntesis: suya es la patente de corso para abordar las emociones ajenas menos mansas y colgar la quietud del palo mayor. Nacido en Plasencia el 16 de mayo de 1962 –de ahí el guiño a Extremadura–, plantó con veinte años sus primeros pinitos musicales con un primer grupo semisalvaje que lanzaba claras señales de humo: Dosis Letal. Y lo combinaba, cuenta la leyenda, con dulces horas vendiendo chucherías. Sus golosinas de sabor más intenso se hicieron adultas en 1987 al fundar la banda Extremoduro. Pioneros del crowdfunding, su primera grabación fue posible gracias a la venta de papeletas para hacerse con una copia de la maqueta cuando viera la luz. Mil pelas cada papeleta. A saber cuánto darían por una de aquellas reliquias profanas ahora. El caso es que vendieron 250 y así fue cómo Rock transgresivo empezó a electrificar Extremadura. Tras algunas movidas discográficas por diferencias económicas y tal, la apuesta de DRO, filial de Warner Music, puso las notas en su sitio.

Los años 90 fueron una vorágine de cambios y recambios, de idas y venidas. De iras también, y de pérdidas. Con el histórico Agila se espabiló todo, se dejaron atrás los trastos poco sofisticados del underground y la entrada en la banda del guitarrista y productor Iñaki Antón fue una inyección de inspiración y adrenalina. Y buenas costuras. La prensa dejó de ser esquiva. Se habló de un disco "genial". A buen seguro que Iniesta se marcó unas risas ante tanta atención súbita tras años de ninguneo. ¿Dónde están mis amigos? fue un álbum en cierto modo premonitorio. El nuevo siglo sirvió para marcar territorio con Yo, minoría absoluta y La ley innata.

Honesto como pocos, rompemoldes como nadie, Iniesta se declaró en bancarrota creativa y se dedicó a la literatura con la novela El viaje íntimo de la locura, que enloqueció a sus fieles vendiendo más de 10.000 ejemplares en una sola semana. La inspiración volvió en 2011 con Material defectuoso, lanzado sin alboroto pero con muchas ventas. Con su undécimo álbum de estudio el grupo se autoinculpó Para todos los públicos (2013) mientras su líder rumiaba su primer trabajo en solitario, Lo que aletea en nuestras cabezas (2015). Y el aleteo continuó al año siguiente con Destrozares, canciones para el final de los tiempos. Robe, desatado. Robe, al frente de una tormenta creativa que alimentó en 2017 la gira Bienvenidos al temporal. Con Mayéutica salió su tercera obra en solitario y la gira Ahora es el momento le lanzó a las carreteras en 2021, continuada con Ahora es cuando. Hay que fijarse en los títulos que pone Iniesta a temas sencillos y discos complejos porque lanzan muchas letras de profundidad entre líneas: Ininteligible, Buscando la luna, Ábreme el pecho y registra, Nada que perder, Se nos lleva el aire. O Ininteligible. O Ni santos ni inocentes. Que quede claro: ni inocentes ni santos. En todo caso, So payaso. La Dulce introducción al caos tiene reglas estrictas.

Sobre su cuarto disco en solitario, Se nos lleva el aire, Iniesta explicó que "todo se lo lleva el aire. Hay que disfrutar de lo que tenemos en cada momento". Palabras que desafían a los tornados y resisten cualquier zurriagazo de tormenta bravucona. Se le llegó a etiquetar enfáticamente como "el último rockero maldito". Intenso, visceral, descarnado, magnético, estudiante de gramática y ortografía, enemigo declarado de las entrevistas, náufrago en islas que no salen en los mapas ("Todos me queréis matar, joder, que no me quiero morir", lamentaba ante cada rumor fúnebre), ídolo de masas convulsas que adoran sus miradas con ojos cerrados, simpatizante del Atleti, coleccionista de canciones que huelen a poesía de asfalto sucio, a rejas rebeldes de hermosa obscenidad.

Iniesta se curtió en el campo de batalla de los escenarios hostiles (aguantando a micro firme escupitajos y demás). Exigente y exigido gourmet de porros y alcoholes varios en sus daños mozos, terco y con una vida sentimental poco expuesta, Iniesta ("una gran bola de energía capaz de cautivarte", según decían) siempre dejó claro que los dioses y los amos no van con él, y que los adioses, de llegar algún día, vendrán engatillados a una frase fetiche: "Siempre he hecho lo que me ha salido de las pelotas". Escribió este constructor desgarrado(r) de complicidades intergeneracionales: "Y si fuera mi vida una escalera, me la he pasao entera buscando el siguiente escalón". Pues venga, Robe, a subir el siguiente. Tú puedes.

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