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¿La marca originaria del régimen?

Una sentencia es un silogismo, con unas premisas y una conclusión. Por tanto solo ahora cabría hablar de ella. Lo escrito al respecto sigue un guión bipolar que se diría prestablecido: para unos, una victoria del Estado de derecho, su fracaso para otros. Parémonos en esa misma bipolaridad, puesta también de manifiesto en la que divide el parecer mayoritario de la Sala sentenciadora (condena) y el voto particular de dos magistradas (absolución). Lo significativo es que esa discrepancia interna había venido siendo anunciada en los medios desde hace meses, mucho antes de la celebración del juicio. Es como si existiera una adscripción previa de los integrantes del Tribunal, tan cerrada y bloqueada como las mismísimas listas de los partidos. Como si todo el sistema constitucional, con sus poderes y órganos, viniera marcado a fuego por la partitocracia. Ese es el fondo del problema.

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