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manuel paz

"No te olvides de la ametralladora"

El día que la guitarra de Jorge Martínez se encontró con la sinfónica OCAS

Cuando le llamé no dudó, si es que Jorge ha llegado a dudar alguna vez en su vida. "Claro que lo hacemos, y espero que estéis a la altura de mi guitarra". La respuesta prometía. Además, como lo dijo con ese acento metálico disparado hacia el final de la frase, aún se multiplicaron las expectativas. Eso sí, me di cuenta el matiz: no dijo a mi altura, dijo a la altura de mi guitarra. Armábamos un concierto sinfónico en el Auditorio de Oviedo con la OCAS para la Asociación Asturiana de Solidaridad con el Pueblo Saharaui, y teníamos a Pablo Carbonell, "Sôber" y "Truequedart", además de Jorge. Decidimos hacer tres temas que orquestarían Javier Vázquez y Rubén Díez. Pronto nos vimos los cuatro en la casa-estudio que Jorge tenía en Las Caldas, momentos mágicos que uno siente haber tenido suerte infinita de vivirlos.

Hablábamos lenguajes distintos, él en su terreno, el de su propia música, con todo lo intuitivo que ello tiene, y nosotros en el nuestro, en el de ponerle un envoltorio sinfónico con todo lo técnico que ello supone. Pero nos entendimos, claro está, mediando excesos verbales tan delirantes como ingeniosos.

Elegimos "Enamorados de Varsovia", "La Casa del Misterio" y "Quántica". Las dos primeras las orquestaba Javier y me llama: "Oye Manuel, vaya enlaces armónicos más audaces que tienen estas canciones", efectivamente, los acordes van a donde no esperas, pero encajan. Rubén orquestó la tercera y me contaba algo similar: "Con estas armonías la orquesta fluye sola". Solo quedaba el momento más inquietante, el de las expectativas de la incertidumbre, el del encuentro de Jorge y OCAS: un ilegal con una orquesta sinfónica por primera vez en su vida, y creo que la única. La OCAS y cualquier orquesta sinfónica del mundo es una estructura sociomusical muy peculiar con unas dinámicas emocionales y un sentimiento de colectividad que sin ser pactados son universales.

Todo ello ha ido produciendo patrones y procedimientos colectivos sin los cuales un grupo humano de esa envergadura no sería viable. Me parecía a mí que no podría haber en el mundo una figura musical más antagónica a una orquesta sinfónica que Jorge Ilegal, así que igual se desubicaba, y efectivamente, me equivoqué. De los muchos artistas del mundo del pop y del rock que actuaron con la OCAS, seguramente Jorge fue de los que más o el que más metódico y detallista estuvo, convencido de lo que quería, pendiente, muy pendiente, pero seguro; así que la complicidad con la orquesta fue inmediata . Al terminar de ensayar un tema me dice: "Manuel, no vais exactos", le dije que un poco de variación pudo haber pero que sería muy pequeña. "No, no, hay que ir exactos, porque traigo aquí a Beláustegui (el batería) y os ametralla con un pulso de reloj atómico", dijo lanzando las palabras hacia el paladar para que estallaran justo cuando dijo lo de ‘ametralla’. Le dije: "A ver Jorge, una batería son cinco parches y dos platos tocados por una sola persona, aquí detrás tienes 50 músicos con instrumentos de cuerdas y vientos con ataques diferentes, acostumbrados a que la música tenga sus microdinámicas y a seguirlas porque no hacerlo sería un desperdicio. Pero estamos yendo juntos"; yo pensé que ante tal discurso cargado de razón y sentimiento iba a tardar un buen rato en responder, pero ni medio segundo: "Vale, pero no te olvides de la ametralladora". Calculo que nadie, en sus 70 años de vida, haya conseguido desubicar a Jorge. Nosotros, desde luego, no.

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