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¿Ahora sí que se desmorona el "sanchismo"?

La narrativa hiperbólica del potaje madrileño no debe impedir ver la gravedad del momento. La primera semana de la campaña electoral en Extremadura, que no extremeña, ha discurrido entre dos aguas turbulentas para Pedro Sánchez: la corrupción y el machismo. Ninguno de estos males es patrimonio socialista, pero fueron dos de los tres pilares principales de su asalto al poder vía moción de censura. El tercero fue la cuestión plurinacional. En materia de corrupción, los últimos informes de la UCO unen tres tramas hasta ahora aparentemente inconexas ya que Leire se integra en la trama de Cerdán y Servinavar a través de Antxon Alonso y su conexión con Vicente Fernández los vincula a todos con María Jesús Montero. Y en el tránsito, la bomba racimo se extiende por casi todas las empresas públicas. De manera que ayer viernes, la única persona que podía ofrecer una rueda de prensa era Rebeca Torró a la que se le está poniendo cara de Ciprià Ciscar. Una maldición hace que los socialistas valencianos acaben dando siempre la cara cuando las cosas se ponen peor en Ferraz. En lo que se refiere a la cloaca del machismo, la explosión del "caso Salazar" se ha convertido en una bomba racimo que se extiende por diversas federaciones socialistas confirmando una vez más que las redes de impunidad en materia de abusos cimientan estructuras de poder. Salvando las distancias, al PSOE le ocurre algo similar a lo que le ocurrió a la Iglesia con el encubrimiento de los pederastas que cimentó durante décadas el poder vaticano.

A pesar de que Feijóo se desgallite, el momento de desmoronamiento del "sanchismo" no se produce tanto por la intensidad y gravedad de lo que se va conociendo, que es muy grave, sino por la simultaneidad y porque el único punto de confluencia de todo es el mismismísimo Pedro Sánchez, obligado a anticipar al lunes que viene el balance del año y la copa de Navidad para que no coincida con el funeral extremeño. A Felipe González no se lo llevó por delante el llamado "sindicato del crimen" como ellos hicieron creer para aumentar su caché como tertulianos, sino la sinultaneidad de la huída de Luis Roldán con la dimisión de Baltasar Garzón. Lo que le hizo ganar las elecciones del 1993 fue lo que se lo llevó por delante. Eso mismo le ocurre ahora a Sánchez. Lo que le aupó en la moción de censura, ahora se lo lleva por delante.

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