Opinión
Las malas compañías
El caso Salazar agota el crédito feminista del PSOE, algo que solo se puede recuperar con medidas ejemplares y ejemplarizantes
«Dime con quién andas y te diré quién eres». En el pozo sin fondo que es el refranero español hay saber popular para dar y tomar, aplicable a cualquier situación. Ese refrán, que lleva generaciones sirviendo de orientación a la hora de juzgar la moralidad ajena, no es infalible, pero sí muy atinado, y viene al caso dada la poca fortuna que han tenido en la cúpula socialista al elegir compañeros de viaje: de momento, van tres de tres.
El caso Salazar le ha estallado al PSOE tras una sucesión de desaguisados en su negociado feminista, algunos compartidos con sus socios de gobierno. El anterior fue el de los fallos en el sistema operativo de las pulseras antimaltrato y aquí cabía la excusa tecnológica o la de que la adjudicación del contrato la había hecho la ministra de Podemos, pero este último, de acoso y abuso machista en Moncloa, no admite pretexto alguno. Por si fuera poco tener a un ministro y un secretario de organización abonados al negocio de la prostitución, como consumidores habituales de mujeres, a las puertas del despacho presidencial había un tipo babeando encima de las empleadas, y no uno cualquiera sino lo que vendría siendo un alto ejecutivo, el secretario general de Coordinación Territorial. Y nadie hacía nada o, peor, los que lo sabían lo ocultaban activamente.
Pésimas compañías se han buscado los socialistas que creen sinceramente en la causa del feminismo, que no es otra que la de dar a las mujeres el trato que se merecen en todas las circunstancias, no por ser mujeres, si no por ser seres humanos, no consumibles y al servicio de nadie. Pésima compañía ha encontrado el feminismo en esos políticos oportunistas, que ondean la bandera de la igualdad en los mítines y a la salida se van de putas. El partido como empresa y sus políticas diseñadas como estrategias de márquetin: si encaja en la imagen de marca y da votos nos lo quedamos, creamos o no en ello, total, los ciudadanos tragan con todo.
Triste alternativa la de las feministas del PSOE tener que compadrear con esos señores rijosos, falsarios y sin escrúpulo ninguno, para colocar en la agenda del partido, y después en la del gobierno, medidas que mejoren la vida de las mujeres, no para hacerla mejor que la de los hombres, sino igual, ni más difícil ni más fácil.
De vuelta al refranero, «el movimiento se demuestra andando». El daño en el crédito feminista del PSOE, como organización, ya está hecho, y de nada valen argumentaciones como la de que el machismo es un problema estructural, eso ya lo sabemos. Urgen medidas, ejemplares y ejemplarizantes.
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