Opinión
Pedro Sánchez y el PSOE
La situación política del país camina de la tragicomedia al esperpento a cuenta de un Gobierno al borde del KO
La política española va tomando forma de estrafalaria tragicomedia. En manos de Valle Inclán sería un delicioso esperpento. Berlanga nos haría reír un rato a costa de un buen ridículo colectivo. Muchos más se muerden la lengua, expulsan la rabia o, sencillamente, no saben qué decir. Ya veremos en qué acaba todo esto, si en chacota o en drama. La prensa, nacional y extranjera, no pierde detalle y nos informa al instante de las novedades, que se precipitan a un ritmo imposible de seguir con la debida atención. La imagen que proyecta hoy el país contrasta tristemente con la que causó tanta admiración en el mundo y la propia satisfacción entre los españoles durante la Transición y los primeros años de la democracia, y amenaza con arruinar el balance, de por sí deslucido, de las dos últimas décadas.
El presidente del Gobierno se encuentra políticamente acorralado. Ha perdido la mayoría parlamentaria que lo invistió. Superada la mitad de la legislatura, aún no ha obtenido del Congreso la aprobación de unos presupuestos. Unidades de la Guardia Civil y de la Policía Nacional intensifican la búsqueda de hechos delictivos en varios ministerios. Las personas más cercanas, en su familia, en el Gobierno y en el partido, están imputadas y pendientes de juicio, con claros indicios de haber cometido delitos. Los casos de corrupción y de acoso sexual llenan las portadas y abren los telediarios. La vicepresidenta segunda de su Gobierno manifiesta en tono airado que esto es insoportable y pide una renovación inmediata del Ejecutivo de arriba abajo. El presidente del PNV afirma ante la asamblea de su partido que así no se puede aguantar y reclama terminar con los escándalos o convocar elecciones. Y la consejera de Igualdad de Castilla-La Mancha hace pública la sospecha de fraude en la composición del censo de las primarias de 2017, denuncia grave que aviva las dudas sobre su elección como secretario general y le afecta directamente.
Pedro Sánchez es un presidente de Gobierno legítimo y no está involucrado judicialmente en la retahíla de escándalos que lo circundan. Pero su actuación política está sometida a la libre opinión de los ciudadanos, como exige una regla básica de la democracia. Y por lo que nos dicen las encuestas, y también algunos de sus aliados parlamentarios, una mayoría le está sugiriendo que corrija su postura. No puede agarrarse a la coalición de la que se erigió en representante tras las generales de 2023, porque ha quedado en minoría, y tampoco son aceptables para justificar su actitud las constantes alusiones a la derecha, después de los casos de corrupción y acoso detectados en su Gobierno y en el partido que dirige. Ha reaccionado a cada escándalo proclamando solemnemente que asume su responsabilidad en primera persona, pero no ha explicado en qué consiste esa asunción por su parte y la declaración nunca ha tenido efecto tangible alguno.
En una democracia, la convocatoria adelantada de elecciones se considera una excepción, que en muchas de ellas está prevista para situaciones en las que concurren circunstancias que impiden el normal funcionamiento de las instituciones, por lo general del gobierno. Como las que se dan en gran número en nuestro sistema político. Actuar con sentido de la responsabilidad sería convocar elecciones cuando el panorama no tiene traza de mejorar, antes de que todo vaya a peor sin remedio. Pedro Sánchez resiste porque, a pesar del abandono paulatino de sus votantes, cuenta con el apoyo de un porcentaje elevado de electores, que le reafirma en su posición y le hacen soñar con la reelección. Pero es posible que, después de las elecciones autonómicas que vienen encadenadas a las extremeñas con pronóstico adverso, tenga una sensación bien distinta.
Estos días se oyen voces de la izquierda que expresan un desacuerdo profundo con el Gobierno y con la dirección del PSOE. El liderazgo de Pedro Sánchez pierde apoyos, incluso entre afiliados y simpatizantes socialistas, y muestra síntomas de debilidad que no habíamos visto. En esta situación, para demostrar que todavía está ahí, el PSOE tendrá que hacer una reflexión hacia dentro, honesta y madura, si quiere rencontrarse consigo mismo. Pedro Sánchez ha ejercido uno de los liderazgos más fuertes en su partido, pero el PSOE, aún en estos tiempos de partidos en crisis y líderes hipertrofiados, es infinitamente más importante que cualquiera de sus dirigentes. Pensando en el futuro, su contribución a la democracia española se antoja por el momento imprescindible; eso sí, solo si vuelve a ser la izquierda centrada, no digo centrista, que fue.
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