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Opinión | Miel, limón & vinagre

María Corina Machado, el remedio y la enfermedad

La concesión del Premio Nobel de la Paz a la venezolana abre la puerta a dos escenarios en la geopolítica latinoamericana: el fin del chavismo y las pretensiones de EEUU de convertir en títere uno de los territorios con mayor producción de petróleo

María Corina Machado, opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz.

María Corina Machado, opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz. / EFE

Rocanrol. Corrine, Corrina. O Corrina, Corrina. De entre los muchos intérpretes que ha tenido esta canción atribuida a Bo Carter en 1928, la versión de Ray Peterson de 1960, tanto como la de Jerry Lee Lewis o la más folk de Bob Dylan, elevaron el título a la categoría de clásico del rocanrol. En realidad, nació como un blues, aunque, ya saben, el blues tuvo un hijo y lo llamaron rocanrol. ¿Dónde has estado tanto tiempo?, dice una de las estrofas de un tema con multitud de interpretaciones en multitud de géneros. Falta el joropo venezolano o sus variantes del llanero. Todo se andará. ¿Dónde has estado tanto tiempo?, repite. Una pregunta sin respuesta oficial en el caso de María Corina Machado (Caracas, 58 años), 16 meses en la clandestinidad, opositora al régimen de Chávez, primero, y luego al de Maduro, y Premio Nobel de la Paz.

Su llegada a Oslo para recibir el galardón ya es la historia de una extracción de película: su viaje en lancha hacia la isla de Curazao, su llegada a Miami en un avión privado y la travesía aérea por el Atlántico hasta llegar a la capital noruega. Acompañada de dos personas —miembros de un grupo paramilitar estadounidense privado especializado en rescates— y disfrazada. Los represaliados de las dictaduras a menudo se disfrazan para no acabar en una cárcel o frente a un pelotón de fusilamiento. Santiago Carrillo disfrazado para entrar; Corina para salir. Los dos con peluca. Uno comunista, la otra liberal. Comunismo y liberalismo. Cuídenseme de ambos. Dejé a Corina al otro lado del mar, yo dejé a Corina de camino al otro lado de mar, vaticinó el viejo blues.

La opositora venezolana ha recogido en Oslo el premio que no se atrevieron a dar a Trump, que, sin éxito, presionó hasta el sonrojo ajeno por lograrlo. El reconocimiento a Corina amansaba provisionalmente las ínfulas del republicano, que tuvo que conformarse con una versión de marca blanca entregada por un pelota sin rubor, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Premio FIFA de la Paz para el tipo que quiere construir un resort en Gaza sobre la sangre derramada por hombres, mujeres y niños. La figura del pelota emerge a la sombra del poderoso que nunca se sabe por dónde puede salir o qué botón rojo puede pulsar o qué sede mundialista puede cambiar o qué lancha puede acabar hecha astillas en mitad del océano con sus ocupantes dentro. El pelota entrega su alma al diablo que galopa alocadamente sobre el caballo ganador. Milei en Argentina, Rutte en la OTAN y todos los líderes de esos partidos patrióticos a los que se refiere Donald Trump en ese documento donde se veja y humilla a la vieja Europa. Meloni, Le Pen, Abascal, …

Corina es una pelota a la fuerza, huida de Venezuela con ayuda norteamericana. Lleva dos décadas tratando de desalojar de Venezuela a un gobierno de fantoches y eso la honra. No hay cosa peor para un pueblo que ser tutelado en lo que va de siglo por dos espantajos histriónicos en nombre de una revolución. La revolución democrática constituye a veces el oxímoron de la política. Machado dice querer para Venezuela una transición a la española o a la portuguesa, aun a costa de echarse en brazos del presidente norteamericano —otro avechucho— , al que Venezuela le debe de importar tanto como una Argentina sin Milei. Trump captura un barco y se queda el petróleo. Tratándose de EEUU, sigan el rastro del dinero o del petróleo, que viene a ser lo mismo. Venezuela es el séptimo país productor de la OPEP y vigesimoprimero del mundo.

El riesgo para esta ingeniera industrial que defiende la reducción del Estado es que acabe convertida en otra sucursal de la Casa Blanca en Latinoamérica. Sin miramientos para con la población, Washington ya aupó y consolidó a Pinochet en Chile, a Stroessner en Paraguay, a Banzer en Bolivia, a los Somoza en Nicaragua. Javier Milei representa el último caso del quintacolumnismo trumpista. «Las acciones del presidente Trump han sido decisivas para alcanzar el punto en el que nos encontramos, en el que el régimen es más débil que nunca», manifestó María Corina Machado desde Oslo. Diplomacia a trabucazos. La oposición y el régimen, el remedio y la enfermedad. A veces no sabemos cuál de los dos es peor. La democracia se aparece en ocasiones como un cuento de Borges, el jardín de senderos que se bifurcan. Hay una estrofa de aquel viejo blues que Trump y Maduro podrían entonar al unísono: Si ves a Corina, envíala a casa conmigo.

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