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¿Cumpliendo qué?

En el momento en que arrecia la tormenta con los escándalos sucediéndose unos a otros como chuzos de punta, el balance político ofrecido por Pedro Sánchez deja ojiplático a cualquiera. Ha exhibido el lema "Cumpliendo", sin concretar, y casi nadie sabe a qué se refiere. Empezando por los propios socios que le acusan reiteradamente de incumplir, aunque no se atrevan a romper lazos con un Gobierno desacreditado en casi todos los frentes. En vez de ejercer la autocrítica que se se espera de un dirigente sumido en la evidente debacle mantiene haber cumplido, con la seguridad de quien cree que la afirmación se sostiene por sí sola. Pero no. No se sostiene. Flota en el aire como una consigna sin destinatario. ¿Cumpliendo qué? ¿Con quién? ¿Cuándo? ¿A costa de qué? Hombre, el ejercicio de la política democrática exige algo más que la repetición ritual de frases autoafirmativas. Exige explicación, contraste y rendición de cuentas.

Sánchez habla como si haber cumplido fuera una evidencia objetiva, medible e indiscutible. Pero la experiencia de los ciudadanos no coincide con el relato oficial. La inflación golpea, la vivienda se ha vuelto inaccesible para miles de jóvenes, la precariedad se extiende a amplias capas sociales y la confianza institucional se resiente. Ante este panorama, el balance triunfal suena desconectado de la realidad. No me refiero ya al hecho de desentenderse de los casos de corrupción o del famoso Me Too socialista.

El problema no es que un presidente defienda su gestión. Eso es legítimo. Está en que lo haga sin concretar ni jerarquizar, sin asumir contradicciones, insistiendo además en que le engañaron y no se enteró de lo que pasaba. "Cumpliendo" es un lema que no obliga a descender al detalle, ni a distinguir entre promesas realizadas y promesas pospuestas, entre avances reales y simples cambios de discurso. Un eslogan de muy corto recorrido.

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