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Exámenes parciales

La secuencia electoral que se abre con Extremadura n El ruido interno en el PSOE es solo eso n El mensaje de Adriana Lastra en julio

El resultado que salga hoy de las urnas en Extremadura será el primero de una serie de exámenes que determinarán si el Gobierno de Pedro Sánchez anticipa elecciones o sigue con la ruta impasible marcada por el líder de los socialistas hacia 2027. También será la primera prueba en la carrera del PP por tratar de aglutinar voto de la derecha y no acabar atado a Vox. La primera mitad de 2026 será una batalla electoral y política a vida o muerte.

A las elecciones extremeñas seguirán las de Aragón (8 de febrero), Castilla y León (15 de marzo) y Andalucía (junio). En todas ellas el PSOE evaluará su desgaste y el PP medirá su dependencia de Vox; esa ecuación seguramente termine por pesar en Pedro Sánchez para decidir si le conviene adelantar elecciones o no; si el partido teme quedar contaminado electoralmente por la lectura nacional en las consultas autonómicas de 2027, o incluso si una simbiosis del PP y Vox anima a plantear las citas electorales de 2027 como un todo o nada ideológico.

Especial relevancia tendrán para los socialistas los resultados en Aragón y Andalucía, donde Sánchez ha colocado como candidatas a dos integrantes de su Gobierno, lo que propicia una lectura de enmienda al Ejecutivo si el resultado es malo para el PSOE.

Que hay preocupación entre los socialistas es evidente; también en los asturianos. Pero estimar que esa preocupación pueda convertirse en contestación interna es presuponerle al PSOE una dinámica interna que hace años ha abandonado. Los dirigentes socialistas son conscientes del difícil momento que atraviesa el partido, pero también saben que cualquier disputa doméstica no hará más que favorecer el camino a la derecha; no ya al PP, sino al binomio Feijóo-Abascal.

En parte el PSOE es rehén del modelo de partido que ha forjado Pedro Sánchez en los últimos años, con un corte presidencialista y con una fuerte vinculación con las bases que hasta ahora se ha debilitado poco pese a los escándalos, porque une más el enemigo común. Paradójicamente, es eesquema sería más propio del PP, que en cambio sí tiene viva internamente la dualidad Feijóo-Ayuso.

Sin alternativas a Sánchez, ni opciones inmediatas para construirlas, el PSOE está inexorablemente atado al destino de su líder. Pero eso no impide que se expresen voces propias, cuya lectura tiene más que ver con los equilibrios de poder intermedios que con la jefatura. Por ejemplo, suponer que la asturiana Adriana Lastra pueda estar planteando alguna lucha de poder interna es no conocerla ni saber de sus objetivos vitales y personales; otra cosa es que no pueda evitar ser directa ante los escándalos de corte machista en su partido. Y el malestar se dirige a ciertos ámbitos de la organización, identificables. "Cuando una feminista alza la voz para advertir de lo injusto, de lo excluyente o de lo abusivo, se convierte rápidamente en blanco fácil", aseguró la propia Lastra en su intervención en el comité federal que debía sustituir a Santos Cerdán y que por poco bendice a Francisco Salazar.

Ya entonces contraponía Lastra la denuncia feminista a cara descubierta a los modos sibilinos del "patriarcado". "No te expulsa, te va empujando hacia los márgenes… te va dejando sin espacio, sin voz, sin respaldo; y si no te vas, te va haciendo la vida imposible hasta que lo hagas", añadió. Aquel era un mensaje a las estructuras domésticas.

El PSOE tendrá que pasar su propia catarsis, pero esa no llegará hasta el momento en que sufrirla sea su única tarea. No existe en ningún ámbito (ni federal ni autonómico) un sector crítico con capacidad para abrir una guerra interna, y menos mientras el partido mantenga el poder de turno. Eso no quita que haya voces descontentas, numerosas por distintos motivos y no siempre coincidentes en los objetivos.

Ahora comienza un largo periodo de exámenes parciales; ya irán llegando las notas y se verá si hay opciones en los finales.

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