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Extremadura y la gota malaya

El batacazo socialista en uno de sus feudos tradicionales

La derrota del PSOE en Extremadura supone mucho más que un traspié territorial en un feudo histórico. Para Pedro Sánchez el batacazo anuncia un aguacero de gota malaya que amenaza con perforar la estrategia política del líder socialista en un ciclo electoral muy delicado, de sucesivas convocatorias poco halagüeñas para sus intereses. Extremadura no es una comunidad cualquiera: se trata de un bastión simbólico donde el PSOE gobernó durante décadas con una autoridad insultante. Perder allí, y hacerlo con semejante contundencia, proyecta la imagen de un partido que ya no controla ni sus feudos más arraigados. Que tomen nota barones y baronesas.

El desgaste se agudiza por la elección de un candidato imputado, una decisión que no solo ha pesado en la campaña, sino que deja a Sánchez expuesto a la crítica interna y externa por la gestión de las candidaturas. La cuestión, ahora, es si el golpe extremeño será un hecho aislado o el primer capítulo de una cadena de derrotas en Aragón, Castilla y León y Andalucía, donde podría arreciar el temporal de gota malaya. Si la tendencia se confirma, el mensaje será inequívoco: el PSOE llega a este ciclo con el aliento en el cogote, fracturado en su base territorial y bajo el escrutinio de un electorado dispuesto a reconfigurar el mapa político. En Extremadura, a Sánchez no le funcionó la alerta de que viene el hombre del saco.

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