Opinión
Óscar R. Buznego
Notas electorales al margen
Sobre las encuestas, los debates televisivos y las listas abiertas
En las evaluaciones que se hacen de los sistemas políticos en todo el mundo, el español figura en una de las últimas posiciones entre la treintena de las democracias punteras. La dimensión que obtiene la valoración más favorable es siempre la competición electoral. Suele haber una oferta amplia, la participación registra porcentajes elevados, comparados con los de nuestro entorno europeo, y la emisión y el escrutinio de los votos tienen suficientes garantías de limpieza y transparencia. No obstante, en algunos aspectos aún es posible, y resulta de lo más oportuno, introducir mejoras. En unos casos, sería preciso una reforma legal y en otros bastaría con un cambio en el comportamiento de los actores políticos, sobre todo de los partidos y sus candidatos.
Con las elecciones autonómicas en Extremadura hemos vuelto al ruedo electoral. Son las primeras de un ciclo que en principio se dará por cerrado en 2027 con las elecciones locales y las generales, en el caso de que se agote la legislatura, pero podría extenderse hasta 2028, cuando se celebrarán, si no se convocan antes, las gallegas, vascas y catalanas. En estas dos últimas Comunidades Autónomas las expectativas en torno al resultado electoral irán creciendo a medida que se acerque la fecha. El calendario electoral apenas concederá una pequeña tregua en el próximo año y el siguiente. La lógica curiosidad de la opinión pública por saber cómo han podido verse alterados los alineamientos electorales desde las últimas elecciones será satisfecha en forma de una papeleta que contiene la sentencia apodíctica del votante. Ahora empezarán a contar más los votos y menos los porcentajes de los sondeos.
El balance que deja la campaña extremeña incluye episodios, unos repetidos y algún otro novedoso, que deberían ser aprovechados para enriquecer nuestra experiencia democrática y actuar en consecuencia. Reparemos, en primer lugar, en el candidato que encabeza la lista del PSOE, que ha estado sometido a una atención especial. Recuérdese el modo en que accedió a un escaño del parlamento autonómico y que está pendiente de juicio, en fecha señalada. El apoyo electoral al PSOE ha seguido una trayectoria descendente continua desde su nominación. La derrota del partido podrá achacarse en última instancia a su candidato, que obtenía en las encuestas una valoración bastante peor que sus principales adversarios, y esto servirá para invalidar las extrapolaciones que se quieran hacer a próximas elecciones. Pero antes merece la pena detenerse en el dilema que ha atrapado a muchos votantes socialistas en Extremadura, que querían votar a su partido, pero rechazaban de plano al candidato propuesto. En tal tesitura, un buen número ha optado por otras siglas o por la abstención. Cabe preguntarse por qué el partido ha seleccionado a un candidato tan problemático. Y también si no es hora de desbloquear las candidaturas, de manera que el elector pueda ordenar a los candidatos según sus preferencias.
La candidata del PP no ha participado en el segundo debate televisado entre los aspirantes a presidir Extremadura. Se ha interpretado que no ha querido poner en riesgo su condición de clara favorita. De ser así, ello nos lleva a deducir que la candidata popular ha pensado más en su interés y el de su partido que en el de los electores de conocer su mensaje para adoptar una decisión informada y el de las instituciones autonómicas. Puesto que los candidatos se muestran evasivos cuando les conviene, quizá sea pertinente insistir en la posibilidad de obligar a los aspirantes, por ley, a participar en debates televisados.
Los electores han sido relegados en Extremadura, una vez más, por la injusta y obsoleta prohibición de publicar encuestas durante la última semana de la campaña. Mientras los partidos disponen de las suyas, y así pueden reaccionar adecuadamente a los movimientos detectados, los electores indecisos, que pueden inclinar la balanza, deben fijar su voto a ciegas. Y, para rematar, los partidos mayores se han enzarzado en una de sus peloteras habituales por el robo de unos votos de correo. La insinuación de la candidata del PP carece de justificación, daña la merecida buena reputación de nuestra práctica electoral, y además ha hecho perder el tiempo a los extremeños, que probablemente habrán esperado una mayor dedicación de los partidos a los problemas serios que los acucian.
Tal como la conocemos, la democracia está unida a los partidos y no puede prescindir de ellos. Pero cunde la desafección. Los partidos han acaparado excesivo poder y no responden a las demandas y las expectativas de los electores. Algunos cambios en la arena electoral que concitan un amplio acuerdo son pospuestos indefinidamente por los partidos, de los que depende que se lleven a cabo. En la política española de los últimos tiempos se juega una partida entre los partidos y los ciudadanos, con las instituciones por medio siendo objeto de disputa. En esa partida se va decantando el futuro de nuestra democracia .n
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