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Te está esperando a ti

Es curioso y quizá sorprendente que los actos más triviales, los que se hacen sin pensarlo dos veces y con la celeridad de la rutina, acojan enseñanzas que la filosofía más ceñuda no sabría expresar con igual lucidez. Pongamos por caso, cómo aparcar un coche.

Llegas con prisa, con la expectativa ingenua de que habrá un espacio perfecto esperando por ti, como si las fuerzas del Universo conspiraran a tu favor incluso en asuntos menores. A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que eso es una patraña del autoengaño. Lo habitual es que debas ir avanzando, retrocediendo, girando, explorando alternativas. Y, a veces, tras concluir alguna vuelta más de las que la paciencia acepta como razonable, aparece por fin ese hueco ideal, ni demasiado apretujado ni excesivamente lejano. Igual que la vida, ¿no? Sería más cómodo que fuera una ruta recta hacia algún destino elegido. Pero lo habitual es tener que desviarnos: cambiar de opinión, variar un juicio precipitado, mandar a paseo una ambición errada, aceptar una pérdida sin cura, explorar caminos que despreciábamos. A veces nos movemos en círculos, y otras veces nos parece haber retrocedido sin pausa. Que levante la mano quien no haya tenido que actualizar su itinerario más de una vez.

Tal vez los rodeos son el verdadero trayecto. Tal vez buscamos un espacio para aparcar nuestra existencia y poder a(po)sentarnos, comprendernos y descansar, y solo aparece después de haber recorrido lo necesario para apreciarlo en lo que vale sin quejarnos de cuánto ha costado. Ese hueco nos esperaba, pero llega en su momento, no en el nuestro. Y con sus condiciones.

Las vueltas no deberían verse como un fracaso. Son una forma de avanzar. Lo que parece retraso puede ser preparación; lo que asoma como obstáculo se convierte en aprendizaje; lo que apunta a ser pérdida se reformula como ajuste. Y lo que creemos que llega tarde, aparece cuando estábamos preparados para disfrutarlo de verdad. Mantener la calma y la curiosidad en la búsqueda ya es una forma de hallazgo. Y las vueltas de más pasan a ser parte del camino.

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