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Posición del poste

Felipe y el discurso de pie

Antes de pronunciar el discurso de Navidad, los medios de información se admiraban de que el rey Felipe lo había grabado de pie; sobre eso pretendo reflexionar y dejo para otros la exégesis del contenido. Nos asombró más lo de prescindir del sillón que si lo hubieran anunciado, en su momento, de Ironside o de Stephen Hawking. ¿Por qué? Porque es un cambio de postura, y porque la realeza abandona por primera vez el trono, en sentido estricto, con lo que ello significa de renovar la mirada, acercarse al pueblo e incluso al Cielo. Los benedictinos cantan de pie sus salmos, y cuando ya les pesa el alma utilizan esa parte de los asientos abatibles, "misericordias", para mantenerse erguidos y no rendirse. El homo empezó a ser sapiens cuando se levantó sobre las patas traseras.

Estar de pie es sinónimo de estar vivo. "¡Levántate!", ordenó Jesús a Lázaro. "La casa sigue en pie", dice mucho del continente y del contenido. Los sacos vacíos no pueden tenerse de pie, ni las palabras vacuas ni las promesas incumplidas. En la mili pasábamos de pie la mayor parte de nuestra instrucción en las maniobras de orden cerrado: para desfilar, para recibir a un superior, para izar la bandera, de pie incluso para descansar, apoyados en la "misericordia" del CETME. Los espectadores del teatro nos ponemos de pie para aplaudir a los artistas, y de pie los feligreses antes de misa para recibir al cura. "Murió de pie", dijeron de Roberto Baggio, aquel futbolista italiano, tras fallar el penalti en la final del Mundial-94; se quedó firmes, representando la dignidad ante la derrota, para seguir luchando; adoptó la posición del poste, zhanzhuang dicen los chinos, práctica esencial del yangsheng o "cultivo de la vida". Estar de pie significa subsistir, permanecer.

Así el discurso del rey: de pie, apostado, en servicio, en vigilancia. Hablaban los cineastas de un único plano secuencia, yo conté cuatro; si Felipe se sentó entre toma y toma lo desconozco, pero su disertación la hizo posteando su Palacio, en el Salón de Columnas, aguantando el peso de la patria, con sus ojos a la altura que Dios le dio, para observar el mundo más allá, plus ultra, como exhorta nuestro emblema. Un discurso de pie, para la gente de a pie.

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