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Todo va a salir mal

De qué raro prestigio goza el pesimismo. Y el pesimista. A ese que en tono grave y solemne pronostica toda clase de adversidades, catástrofes y malaventuranzas se le oye con atención, se le hace caso, se le dan tribunas y canongías y se le otorgan premios. Premios que ni siquiera serán capaces de alegrar su faz de cenizo.

El pesimista ocasional es soportable y todos lo somos en ocasiones. Lo malo es el pesimista gozoso, pertinaz, inamovible, pétreo, lenguaraz para colmo, que no contento con rumiar sus malas nuevas y su visión del mundo para sus adentros (melancolía), las proclama a los tres vientos. Cuatro vientos, no. El pesimista solo ve tres. Y los tres pretenden atacarlo y atacarnos, claro. Aún así, resulta vivificante mandar a tomar viento al pesimista. De vez en cuando. No es que no tengan razón, es que cuando la tienen tampoco están alegres.

Nunca hay que confundir al pesimista con el precavido. El precavido no esquía porque sabe de su torpeza y paticidad (de pato), de su escasa habilidad deportiva y de su nula coordinación corporal, ya advertida en temprana edad por su madre, su progenitor y hasta un pariente de Albacete que se dejaba caer de cuando en tarde en el domicilio familiar. Sin embargo, el pesimista es fuerte y atlético y hasta deportista y sin embargo rehúsa la práctica del esquí protegiéndose con el aserto de "me parto una pierna, seguro". Eso sí, de invitar a unas cañas (y tapa de lomo) una vez que estamos todos en Baqueira, Sierra Nevada o el Pirineo, nada. Tampoco. Porque el pesimista linda con el tacaño, dado que gastar es alegre pero tiene más predicamento y prestigio la austeridad, la contención, el ahorro, el tristerío. Lo que hace toda esa gente que luego encima va y se queja de que su vida sea madrugar, trabajar y los sábados ir al súper. Esa gente para la que ir al cine es una fiesta y sin embargo van con el morro torcido y con la admonición clara de que la película va a ser un coñazo insufrible. En el caso de que lo sea, el inteligente se sale a los tres cuartos de hora. El pesimista permanece. En la creencia que fuera también acechan todos los males.

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