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Capital Europea de la Cultura, un proyecto de ciudad que hace región

La candidatura de Oviedo merece respaldo, implicación y mirada larga, no como un fin en sí misma, sino como la propuesta de una comunidad periférica que aspira a pensarse de otra manera

La lona con el lema de la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031 colocada en la plaza de la Catedral.    | IRMA COLLÍN

La lona con el lema de la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031 colocada en la plaza de la Catedral. | IRMA COLLÍN

Oviedo ha dado un paso al frente en sus expectativas de un mejor futuro con la candidatura a Capital Europea de la Cultura en 2031. Y no lo ha hecho desde la improvisación ni desde el voluntarismo, sino con un proyecto trabajado, coherente y cada vez más sólido. Todo apunta a que la propuesta superará el primer corte y que existen posibilidades reales, serias, de llegar hasta el final.

La capital del Principado cierra el año con una apuesta decidida por la consecución de un galardón instituido por la UE para resaltar la riqueza y diversidad cultural de Europa y fomentar el desarrollo urbano a través de la cultura. No será fácil, nunca lo es en una competición de este nivel, pero Asturias haría mal en mirar este proceso con escepticismo o distanciamiento. Nos encontramos ante una oportunidad que trasciende lo simbólico y que interpela directamente al conjunto de la sociedad asturiana.

Porque la que se ha dado a conocer no es solo la candidatura de Oviedo. Es, o debe ser, la apuesta de Asturias entera. Así lo han entendido quienes la impulsan, convencidos de que solo desde un consenso regional amplio puede construirse una propuesta verdaderamente poderosa, competitiva y transformadora. En una comunidad pequeña, con recursos limitados pero con un capital cultural extraordinario, la suma no es una opción: es una absoluta necesidad. Y ese es quizá uno de los valores más relevantes que ya está llevando a la luz este proceso, incluso antes de conocer el veredicto final del tribunal comunitario.

La cultura asturiana tiene un peso muy superior al que a menudo se le reconoce. Tal vez porque la oferta es amplia y está descentralizada, repartida entre las tres grandes ciudades y una red de villas que mantienen una actividad cultural constante y diversa. Música, teatro, literatura, artes plásticas, creación audiovisual… La cantera de creadores es notable, transversal y viva. Pero necesita más visibilidad, más relato compartido, más ambición pública. La capitalidad cultural puede ser el catalizador que reactive ese potencial, que lo conecte, que lo proyecte hacia el exterior sin complejos.

Además, el desarrollo de propuestas en torno a la candidatura ovetense está generando un caldo de cultivo que la región llevaba demasiado tiempo olvidando: la construcción de proyectos comunes. Frente al localismo estéril que nos ha restado fuerzas y limitado durante décadas, emerge un aprendizaje colectivo, un "saber hacer" basado en la cooperación, en la visión regional, en la idea de que juntos llegamos más lejos que individualmente. Ese consenso en torno a la cultura como motor de desarrollo es un activo que convendría preservar, ocurra lo que ocurra en 2031.

En el ámbito estrictamente ovetense, el balance ya es significativo y pleno de positivismo. Incluso si la capitalidad no se materializara, Oviedo habrá sembrado las bases de un nuevo modo de entender la ciudad y su futuro. Un relato contemporáneo en el que la creación, el talento, la materia gris y la innovación cultural ocupen el centro, impulsando la mejora de infraestructuras y la regeneración de espacios urbanos. Las ciudades que hoy destacan en Europa no son solo las más bonitas, las más cuidadas o las mejor pavimentadas, sino las que generan ideas, pensamiento y emociones.

Por todo ello, la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura merece respaldo, implicación y mirada larga. No como un fin en sí mismo, sino como la propuesta de una comunidad periférica que aspira a pensarse de otra manera y a reconocerse en el espejo de la modernidad. Asturias necesita creerse capaz de jugar en ligas mayores. Y la cultura puede ser el mejor lugar desde el que empezar a tratar un nuevo camino, más fructífero y próspero.

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