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Una descripción del Son d’Arriba

Una reflexión sobre el baile propio de la zona de Cangas y de León y en homenaje a los vínculos entre territorios y a los mayores

Son d'Arriba Juanin de Vichar de Rogueiro

El Son d’Arriba, baile ancestral,

Danza que unce cortejo rural.

Trenza en sus giros modos de hablar,

Memoria viva de mocedad.

Expresión viva, baile de ayer,

Quiere ser forma en el presente.

Hondas raíces, profundidad,

Y sigue vivo al caminar

En asturiano suroccidental.

El Son d’Arriba, bail.le ancestral,

danza que xunce cortexu rural,

trenza nos sos xiros formas de falar,

memoria viva de mocedá.

Espresión viva, bail.le d’ayeri,

quier ser forma nel presente.

Fondos raigaños, fondura,

ya sigue vivu de la que camina.

Una descripción del Son d’Arriba

El Son d’Arriba, nuestro baile más significativo sin duda alguna, hunde sus raíces en la zona suroccidental de Asturias. Quizás sería más ajustado decir que es un baile propio de Cangas, procedente de la zona norte de León, donde se denomina baile del chano. Esta denominación tal vez tenga que ver con la propia orografía del terreno, algo que se refleja claramente en la velocidad con que se toca y, naturalmente, se baila.

En Cangas se dice que es nuestro; en León, que es de ellos. Yo creo que sería más justo entenderlo como una expresión folclórica compartida, nacida en un tiempo en que las lindes administrativas eran otras y no respondían a intereses hoy mucho más definidos. Entonces, la vida y la cultura se regían por parámetros bien distintos de los actuales.

Lo que sí parece indiscutible es que pertenecemos a una misma comunidad, al menos desde el punto de vista etnográfico. Y aquello que nos une toma carta de naturaleza en este baile, que enlaza territorios con vínculos, historia y problemáticas comunes, y que un día fueron una sola cosa.

Traigo a colación esta reflexión y esta definición personal de nuestro baile para rendir homenaje a nuestros mayores, entre los que se encuentra mi padre, Antonio Pérez Fernández, que tantas veces bailó esta danza, seguramente al son del acordeón o de la gaita de tantos músicos que la interpretaron a lo largo del tiempo.

Quiero recordar, de manera especial, a Juanín, de Villar de Rogueiro, que a mi entender ha sido uno de los mejores que yo haya escuchado. Tuve ocasión de conocerlo, aunque siendo yo muy joven, cuando aún comprendía estas cuestiones de otro modo.

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