Opinión
El efecto Extremadura
Los resultados de la primera de las citas electorales del ciclo autonómico
El voto de los extremeños anima estos días las expectativas electorales de todo el país ante las próximas citas con las urnas. Puesto que ya se presumía que algo así iba a suceder, y para que los ánimos no decaigan, ha sido inevitable caer en conclusiones apresuradas, que podrían inducir a los partidos y a los electores a lamentables equivocaciones. El PP no ha alcanzado su primer objetivo, la mayoría absoluta, y ha perdido algunos miles de votantes, pero ha conseguido un porcentaje de votos mayor y un escaño más, con una participación menor en diez puntos y tras liderar una coalición quebrada. Vox ha multiplicado por dos su porcentaje de votos y más que duplicado sus diputados en el parlamento autonómico, sin haber aumentado en la misma proporción el número de sus votantes. Otro tanto le ha ocurrido a la coalición encabezada por Podemos, aunque no se viera tan favorecida en el reparto de los escaños. El PSOE ha cosechado, sin duda, el peor resultado. El dato más adverso se cifra en la dispersión a izquierda y derecha de las cuantiosas pérdidas en número y porcentaje de votos, y en escaños, que ha sufrido.
De manera que es a todas luces exagerado proclamar vencedor de las elecciones a Vox, tanto como dar por perdedor al PP. El partido de Abascal se va aproximando poco a poco a los porcentajes de voto de la derecha radical europea, pero aún está lejos de celebrar un triunfo absoluto. El PP, que había perdido por la mínima en las anteriores elecciones, sacó en estas una ventaja de casi veinte puntos al segundo partido. En tiempos de fragmentación política, electoral y partidista, reunir el 43% de los votos es una gran victoria.
Por otra parte, el balance electoral del PSOE merece una consideración aparte. En Extremadura había obtenido cinco mayorías absolutas y había sido derrotado solo en unas elecciones autonómicas. El retroceso puede calificarse si se quiere, con el lenguaje aumentativo al uso, de debacle. Pero para ponerlo en sus justos términos, habrá que tener en cuenta que el apoyo electoral al partido ha descendido al 25%, un porcentaje estimable, y que la inmensa mayoría de los electores que lo han abandonado optaron por la abstención, no por otras siglas. Sobre el futuro del PSOE cuelga una interrogación, pero es pronto para deducir que está hundido. Lo que sí parece claro es que sus votantes le están lanzado un serio aviso.
Ahora toca formar gobierno en Extremadura. Nadie discute que el encargado de hacerlo es el PP. Su candidata, María Guardiola, lo hará consciente de que los grandes partidos de la política nacional observan con mucho interés sus pasos. El PSOE se ha adelantado para descartar una abstención, con lo que su única posibilidad, por lo demás la preferida por su partido, consiste en llegar a un acuerdo con Vox. En el caso de que lo logre, habrá que ver si es duradero y su rendimiento. Vox está adoptando algunas actitudes antisistema, es partidario de sustituir el estado autonómico por otro centralista y no ofrece ninguna garantía de estabilidad. El partido de Abascal ha establecido una relación más competitiva que cooperativa con el de Feijóo y ha roto ya unos cuantos gobiernos de coalición que formaron juntos. Y en Extremadura, lejos de castigarlo por ello, los votantes le han concedido un buen premio en las elecciones.
El voto de los extremeños va a contribuir a clarificar parcialmente el complejo panorama político español. No se ve en el horizonte nada que anuncie una vuelta al bipartidismo, por imperfecto que fuera. El PSOE no facilitará un gobierno del PP para apartar a Vox por aterrador que sea el peligro que representa la derecha populista. Siendo el multipartidismo un hecho consumado, y excluida la gran coalición, solo queda la alternativa de los bloques. Cuando gobierne el PP, lo hará condicionado por Vox. Cuando sea el turno del PSOE, estará atado a las exigencias de su izquierda y de los nacionalistas. PP y PSOE competirán entre sí y con sus socios de gobierno.
El muro que separa a los dos bloques solo lo podrán derribar los votantes. Es aquí, en la arena electoral, donde se dilucida la cuestión. La situación política no acabará de definirse mientras la volatilidad del voto siga siendo tan alta. Sumar se debate entre el ser y el estar, la consistencia de Vox suscita dudas y el PSOE se muestra vulnerable. El PP disimula su inquietud. Ha vivido más de un vuelco inesperado y la incertidumbre no concede un respiro. Muchos electores, casi todos de izquierdas, meditan su decisión.
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