Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

El concepto de nación

El acceso al poder de Pedro Sánchez

Recuerdo perfectamente el debate que tuvieron Pedro Sánchez y Patxi López en 2016 por la secretaria general del PSOE. En ese debate Patxi le preguntó directamente a Sánchez: Pedro, ¿Pero tú sabes lo que es una nación? Y Pedro Sánchez le contestó sin titubear: sí, una nación es un sentimiento.

En esa respuesta dejaba Sánchez claramente expuestas algunas evidencias que más o menos se han venido confirmando con el tiempo.

1ª. Su profundo desconocimiento de la historia en general, y de la de España en particular.

2ª. Su idea de España como la de un conjunto de emociones plurinacionales que, cuando interesa se cultiva y cuando no, se abandona.

3ª. Y su convencimiento de que las naciones, como las emociones, pueden crearse o destruirse a conveniencia.

Nada hay seguro en el universo sanchista. Su ideología representa más bien una amalgamada nebulosa de recetas que conviene usar o tirar según funcionen mejor o peor para sus intereses, que fundamentalmente se resumen al modo "grouchomarxista" en uno: mantenerse a toda costa en el poder. Objetivo para conseguir el cual está dispuesto a lo que sea.

Da igual en qué partido milite, PSOE, PP, Podemos o Vox le resultan indiferentes para sus fines. Podría defender lo mismo o lo contrario desde cada uno sin inmutarse. Lo único que necesita es una "hinchada" hooligan que se trague sin rechistar sus proclamas propagandísticas.

Pero claro, una tal hinchada no la va a encontrar en cualquier partido. En eso difieren. Necesitaba uno que tenga una tradición a ser posible centenaria, para que la inercia generacional de sus votantes no hiciese titubear su voto en las urnas por desaforado que fuera el designio papal.

Y claro, lo encontró en el PSOE, un partido centenario "tradicional" y con experiencia de gobierno. Solo había que esperar a que un invento pseudodemocrático como "las primarias" (surgido al albur del populismo de Podemos) se fuese abriendo camino en este nuevo PSOE, destrozando de paso toda la maquinaria orgánica de un partido que se había consolidado con no poco esfuerzo a lo largo de esos más de cien años de existencia histórica.

Una militancia que, creyendo haber reencontrado a su "nuevo mesías", sobre todo la más exaltada y cercana a las posiciones que el PSOE había mantenido en la república, muy lejanas a las adoptadas en la transición, creyó por fin haber recuperado ese viejo espíritu de confrontación con la derecha clásica y carpetovetónica española. Por eso cada nuevo decreto, que no ley, es un triunfo para ellos que no pueden dejar de celebrar y lanzar al aire en sus proclamas de "ni un paso atrás". Ya no es democracia lo que subyace en estos planteamientos, alimentados ávidamente por su avieso "pastor", sino revanchismo real o impostado, en todo caso reinventado después de casi cuarenta años de democracia real.

Es así como el "caudillo" actualmente existente para sus huestes, hace y deshace a su antojo y sin ningún tipo de oposición interna lo que le da la gana. Independientemente de que gane o no gane elecciones, haya o no haya corrupciones, o le importe un pito la jefatura del Estado.

Solo necesita una cosa, y eso lo tiene bastante claro, que de una forma u otra (la forma da lo mismo) el número de diputados "favorables" sume uno más que los que se le opongan. Por eso no se para en mientes para negociar con terroristas, separatistas, populistas y demás "carnaza" política que pulula por esas mesas electorales, sabiendo, como sabe, que el precio que va a pagar entre sus "feligreses" es cercano a cero, sabiendo como sabe, que cuanto más le ataquen sus adversarios políticos, más le protegerán sus devotos afiliados.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents