Opinión
Vecindad
Un pueblo son sus gentes y sus fiestas
Un pueblo no es solo un lugar: es su gente y son sus fiestas. Y quien ha vivido en el medio rural lo sabe sin necesidad de explicaciones.
Las comisiones de fiestas no son un capricho ni un entretenimiento. Son el motor del pueblo, quienes tiran del carro cuando nadie más lo hace. Gente que pone tiempo, energía y muchas veces dinero propio para que el pueblo no se apague.
Porque organizar fiestas no es solo salir en la foto. Son reuniones eternas, discusiones, errores, cansancio y la pregunta de siempre: ¿de dónde sacamos el dinero?
Rifas, sorteos, camisetas, comidas populares… y sí, lotería.
La lotería como herramienta colectiva, como forma digna de recaudar fondos para el pueblo, no para el bolsillo de nadie. Para niños, mayores, vecinos y pueblos de alrededor. Actividades para todo el año. Para dinamizar, entretener, fortalecer el tejido social, fomentar el asociacionismo y claro que sí, también disfrutarnos!
Lo ocurrido en Villamanín es una gran movida, nadie lo niega.
Pero lo que resulta inaceptable es que se señale, se machaque y se criminalice a una comisión de fiestas, por error o no, ¿que sé yo? Pero con la intención de sacar adelante las fiestas de su pueblo.
Aquí no hablamos de picaresca. Hablamos de vecindad, de apoyo mutuo, de sentido común. Hablamos de pueblos, no de despachos en ciudades donde se redactan normas sin pisar el barro.
No acabéis con la ilusión de un grupo de personas voluntarias por un formalismo. No rompáis el tejido social por un porcentaje mínimo. Porque si se rompe aquí, se rompe en todos los pueblos.
Y entonces la pregunta será otra: ¿Quién va a querer volver a meterse en una comisión de fiestas?
¿Quién va a asumir la responsabilidad, el desgaste y las críticas constantes? Porque criticar es muy fácil. Lo difícil es barrer mientras otros duermen.
Pensar actividades para niños, jóvenes y mayores. Montar mesas y sillas a la hora de la siesta. Preparar cenas populares. Aguantar comentarios y reproches. Todo ello sin cobrar un euro. En los pueblos ya hay demasiadas cosas cuesta arriba. Las asociaciones culturales, las comisiones de fiestas y las peñas sostienen lo que los presupuestos municipales no alcanzan, porque la cultura y los festejos siempre son lo primero que se recorta.
Habrá quien diga que esto es fácil de defender cuando no te ha tocado un décimo.
Puede ser. Pero de lo que sí hablo con conocimiento es de años de implicación colectiva, de entender que sin estas personas los pueblos se mueren.
Y eso debería pesar más que cualquier norma mal aplicada o mirada punitiva. Defender a las comisiones de fiestas es defender la vida en los pueblos.
Lo demás es empujar un poco más hacia el silencio y la despoblación.
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