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Discursos de fin de año

Teología de la deliberación

Mas cortos que perezosos a los destinatarios nos abocan breves encíclicas los unos y otros rodeados de poder omnímodo. Las presentan en formato de opulencia y riqueza extrema tratando de calmar las huestes en los discursos anuales, humildad la justa.

Los unos por herencia, intentando redimir su próximo pasado llamando a la unidad (insoldable) de cincuenta millones de españoles, de los que un tercio no tienen más sentido patrio que su propia lengua y costumbres con el inri y manía hacia lo español.

Los otros, por consentir que penalicen el uso de la lengua cervantina o sacar condenados a la calle a cambio de bagatelas estatales pro continuidad, aseguran su futuro incierto entre China, la Venezuela de Maduro o Rusia donde rescatar aerolíneas.

La teología del oportunismo dialéctico-emergente promulga su pastoral en TikTok, articula su poliginia sororal de planta ("guapo") arrebatando un tercio del voto filofeminista, fallido en origen si te rodeas de coadjutores imputados por delitos y acosos, siendo su guía moral un capitán, último en abandonar el barco (coche de campaña) a la deriva.

Si para los "unos" la nostalgia no es buena compañera a primeros de diciembre de 2025, lo es veinte días después respecto a otra encíclica sobre reconciliación nacional.

Estamos en la teología de la deliberación, familiar e interna de saga y partido, según. No es que se crucen líneas rojas, sino un "Rubicón" donde medran juliocésares y cancillerías vasco catalanas, un "todos unidos" ficticio hasta que venga el populista de turno y nos compre las parcelas nacional-secesionistas. Ya amenazan con Groenlandia.

Rusia no paga las parcelas, se las apropia; China ni lo uno ni lo otro, las explota directamente tal que África o Sudamérica; Estados Unidos con el "divide y vencerás" tira los tejos a Giorgia Meloni y Víktor Orbán, una forma de hipoteca inversa para la UE.

Si el problema nacional, después de cincuenta años de la Transición y cincuenta millones de habitantes es la vivienda (con lo que se avecina) no está de más citar la encíclica de 1967, hablando de nostalgias es obligado: "La propiedad privada no es un derecho absoluto", encadenar el Artículo 33 con el 47 de la Constitución o derecho a vivienda digna. Sin embargo, estamos a fabricar tanques en vez de hacer casas, de ahí que se ocupen o expropien. ¿Quién nos escribe los discursos?

Con la Populorum Progressio reclamábamos "una autoridad mundial para coordinar los esfuerzos y contener la pobreza". Si la cuarta parte de los cincuenta millones de españoles, según la Red Europea de Lucha Contra la Pobreza, está en riesgo de pobreza y exclusión social ¿con qué homilías fin de año proponen deliberemos?

Nada, a cantar el rap de "La economía va como un cohete", una teología delirante de encíclicas como los libros "Tierra firme", "La sagrada familia" y "Manual de resistencia"; que perdonen los pecados a los condenados, no comparecer en el Congreso y que la penitencia la cumplan los españoles de hecho, que los de derecho van renunciando.

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