Opinión
El futuro brota del hacer: que nace de la libertad, las luces y los auxilios
Reflexión a partir de un artículo de Javier Junceda
Leemos el magnífico artículo de don Javier Junceda en LA NUEVA ESPAÑA del sábado 27 de diciembre, día de San Juan Evangelista. Como la obra del testigo de Jesucristo, él es tan claro, lógico, coherente y pleno de esperanzada fe que nos llegó al alma.
Estamos totalmente de acuerdo con lo dicho, pero tememos que, al igual que la voz de todos los profetas, será desoído por los contumaces, por lo que correrá el mismo destino que las llamadas de los pobres que decimos que para salir adelante Asturias tiene que poner trabajo común, inteligencia y voluntad, tras olvidar los cantos de sirena de los que le ofrecen un futuro gratuito nacido del esfuerzo ajeno, ese tantas veces prometido y que siempre terminó en decepción, miseria y el consuelo del pan y el circo. Acompañado de otra promesa, también de futuro, siempre incumplida.
A la vez que se publica esta llamada del insigne abogado a cambiar para convertirnos en una región que se gane el porvenir con su esfuerzo, toda la propaganda del sistema se dedica a vendernos el relato de la llegada de un nuevo rey Midas que lo regalará todo y que no solo es la reproducción de los anteriores emporios fracasados, el ultimo el del hidrógeno, sino que puede acabar como una bomba lapa en el vientre de España. Es éste el del defensa, fundamentado en el asentamiento en Asturias de una industria que basa su riqueza en las sucesivas adjudicaciones directas de suministros públicos por valor de miles de millones de euros fundamentadas en la confianza del gobierno de España en una empresa, así como en la ausencia de competidores capacitados. Empresa que tendrá que buscar los medios, los conocimientos y las personas para cumplir sus compromisos
¡Ojalá lo consiga! Si no lo logra: esta vez más dura será la caída.
Como, en nuestra opinión, Asturias no saldrá de su miseria con regalos, sino desde nuestra acción inteligente valerosa y solidaria, reiteramos nuestro acuerdo con don Javier en que debemos abrir las puertas y ventanas de nuestra cerrada habitación para que entre el aire y, quizá (no somos juristas respetuosos con la ley como él, sino salvajes carrileros de las carreteras) para sacar a algunos desde ellas para después coger nuestros caballos y galopar, escorriéndolos hasta la mar.
Aquí, salvo él y pocos más, nadie de los que son importantes (los mindundis no tenemos voz) se preocupa por los problemas reales de Asturias porque aquí nadie es de derechas ni de izquierdas, sino todos miembros de un sistema neofeudal extractivo (lo que nosotros llamamos la Lampedusa Tibetana) que no aspira a buscar el progreso de todos desde un sistema abierto y libre sino a aprovecharse de uno fundamentado en vivir de lo que saca de nuestra pobre habitación cerrada. Por eso se actúa siempre de la misma manera en vez de luchar. Todo es fruto de los tejemanejes de un complejo político-sindical-industrial que genera un dédalo de intereses creados que elevan los precios, generan trabas administrativas, despilfarran impuestos y crean un universo de clientelismo, con empleados públicos, enchufados y, para los más necesitados, humildes ayudas a la pobreza, tal como si esto fuera la Argentina de Perón:
Ello es así desde hace muchos años
No nos vamos a explayar repitiendo lo de todos los días, pero os lo resumimos: Debemos cambiar de alma. Por eso aplaudimos a los que tienen conocimiento y dicen a los demás que los que aspiran a gobernar deben tener un mínimo de principios éticos para ser capaces de analizar los procesos en toda su complejidad y después tomar partido en situaciones inciertas para llevar al pueblo a donde le conviene y no a donde le pidan sus propios instintos irreflexivos. O, lo que es peor, los intereses egoístas de algunos.
Terminamos reiterando uno de nuestros tradicionales y cansinos mantras: A la Nueva Frontera de Asturias solo llegaremos si trabajamos con perseverancia fundamentada en un proyecto cimentado sobre la realidad y no sobre entelequias.
Ello exige avanzar unidos sobre la base de la racionalidad. Y también abandonar los sueños de la razón que nos narcotizan pues, en nuestra opinión, nuestro principal reto es despertar la iniciativa después de romper las relaciones internas paralizantes. Lo primero que tenemos que saber es que las cosas se consiguen haciéndose, no explicando cómo se van a hacer, para lo cual se necesita inteligencia, voluntad, esfuerzo y medios, así como la participación tanto de las administraciones como de toda la sociedad civil. Ello también exige orden, rigor técnico y cohesión territorial, así como emplear tiempo y disponer de las personas necesarias para desarrollar el trabajo adecuado.
Lo anterior implica pedir e incluso exigir a los demás, pero, sobre todo hacer y arriesgar nosotros mismos, lo que supone tener iniciativa pues sin ella tanto nuestras ventajas naturales como las infraestructuras serán inútiles pues sus potencialidades solo cristalizarán si generamos riqueza. Añadimos qué desde la información, conocimiento y una estrategia global podremos no sólo crear sino también dialogar con los demás y conseguir éxitos fundamentados en argumentos, prudencia y sensatez, para hacer que la sociedad y su economía funcionen.
Por ello lo primero que se necesita es tener una estrategia clara, voluntad y osadía para resolver los problemas. Y después acción fundamenta en la inteligencia, la voluntad y la valentía, alimentadas por el trabajo, la generosidad y la solidaridad.
Para tener esa estrategia de futuro debemos de saber de dónde venimos, a donde vamos a donde queremos ir y de que disponemos. Y desde allí abordar las acciones para conseguir un bienestar nacido de ofertas, racionales y creíbles, dirigidas a buscar una sociedad en donde se viva del trabajo y no de las ayudas (matizamos que siempre habrá que tener solidaridad con los pobres) para los parados y necesitados que lo son porque se renuncia a generar riqueza.
Ello exige innovar, emprender, ser imaginativos y saber vender. Para ello, no sólo nuestros políticos sino también los líderes de nuestra sociedad civil (grandes empresarios, catedráticos y élites intelectuales) deben sentirse responsables de sacar adelante la gran empresa de todos. Debemos dejar de ser endogámicos, egoístas, localistas, retrógrados, envidiosos, indolentes, prepotentes, serviles e ignorantes enemigos de la innovación
Sino hacemos eso siempre estaremos mendigando por los beneficios del vendedor de la estampita de turno. Ahora la de la defensa.
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